domingo, 21 de mayo de 2017

68. SOBRE EL FUTURO: ¿HUMANISMO O ECONOMÍA?

Hace cinco años, el argentino Camilo Franco planteó que "si los profesionales de la Bibliotecología no encuentran pronto la manera de abocarse a reflexionar muy seriamente [y fuera de las instituciones que los cobijan] sobre el futuro ético y político de su profesión... deberán --en un nivel comunitario no menos que en uno individual-- abrazarse con todo el fervor que su situación exige a aquella frase de Gottfried Benn...: Ser tonto y tener trabajo, he ahí la felicidad".
Su preocupación es resultado de la lectura que hizo de un ensayo del filósofo alemán Peter Sloterdijk, quien en 1999 echó por tierra el principio humanista de que la lectura adecuada amansa y mejora a los hombres.
Extrañado, Franco considera que los bibliotecarios no reaccionan ante la afirmación de Sloterdijk por:
  1. Encontrarse demasiado ocupados intentando obtener un pleno reconocimiento dentro de la comunidad científica, o 
  2. Considerar irrelevante la discusión de un texto proveniente de la Filosofía, o
  3. Encontrarse perplejos ante las Tecnologías de la Información y de las Telecomunicaciones, o
  4. La existencia de tabúes o auto-exclusiones discursivas que son consecuencia de conducirse en entramados de temores materiales y/o espirituales, incluida la cuestión de la supervivencia, en un entorno laboral y/o académico, o sea, en un entorno político, o
  5. Una candidez impostada (máscara de ingenuidad) de los bibliotecarios, que les lleva a cerrar los ojos solamente.
La causa de invalidez paulatina de este principio humanista es porque nos encontramos en tiempos de una reorganización del mundo a partir de otros principios no humanistas, sino prescritos por la Economía. De esta manera, la lectura se define a partir de una tipología establecida por la OCDE y se mide a partir de pruebas establecidas por este organismo, además de que la UNESCO se pliega a los preceptos de la sociedad de la información y la infordiversidad que postulan los poderes fácticos del mundo, esto es, los dueños de la economía mundial.
Como consecuencia de esta situación de cambio que aún vivimos, los sujetos buscan agremiarse para reducir la incertidumbre, o bien desean creer que existen las capacidades creativas de las multitudes que pontifica la ideología de la Web 2.0., o las débiles promesas que aún se dicen sobre los nativos digitales.
En otras palabras, dado que los bibliotecarios trabajan en situación de dependencia de las fuerzas culturales, políticas y sociales prevalecientes, y si esperan seguir recitando que sirven fielmente a los usuarios, es determinante que se lleve a cabo la reflexión que sugiere Franco.
Constatamos que el mundo de los bibliotecarios es cada vez más y más raro debido a sus contradicciones internas y al fracaso de sus ideologías. Un par de ejemplos nos pueden ilustrar:
  • La IFLA (Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias) tiene dos secciones muy singulares:
La Sección de Alfabetización Informativa, que tiene como propósito primordial el fomento de la cooperación internacional en el desarrollo de la alfabetización informativa en todo tipo de bibliotecas e instituciones de información, entendiendo que la alfabetización informativa es la adopción de un comportamiento adecuado de la información para identificar, a través de cualquier canal o medio, información adecuada a las necesidades de información, que conduzca a un uso entendido y ético de la información en la sociedad.
La Sección de Alfabetización y Lectura, que proporciona un punto focal para la promoción de la lectura y la alfabetización en las bibliotecas; así como la integración de las actividades de investigación en lectura y desarrollo de la lectura en los servicios bibliotecarios para todos los ciudadanos.
¿Por qué separar la alfabetización y la lectura de la alfabetización informativa en la biblioteca? Según uno de los creadores de la primera sección, están separadas porque operan en dos secciones distintas de la IFLA, así de simple. Pero, ¿la alfabetizaciòn informativa no presupone la alfabetización y la lectura? Si, aunque  las cosas son así en IFLA.
  • Sloterdijk apuntó que la lectura aún constituye, modestamente, una potencia educadora de hombres, y que la selección de los textos determina la forma como se realiza, por lo que siempre entra como el poder oculto tras el poder. En este sentido, Meneses Tello y Licea de Arenas afirmaron que "la selección se contamina cuando la libertad de seleccionar títulos por parte de las comisiones de biblioteca, de los usuarios o de los bibliotecólogos, se ve coartada en virtud de que la libertad de leer se encuentra continuamente bajo ataque, tanto por parte de algunos grupos privados como de las autoridades públicas que se empeñan en evitar libros polémicos u ocultar información que comprometa el poder de la clase dominante o grupo hegemónico".
Todo esto conlleva a que Franco tiene razón de extrañarse, pues los bibliotecarios tenemos un problema muy complejo que no se resuelve considerando a los usuarios como clientes y/o concibiendo las bibliotecas como negocios culturales.
Las contradicciones son un tipo de problema muy frecuente en el mundo bibliotecario, y más allá de sonreír o llorar cuando los encontramos, debemos hacer un esfuerzo por comprender lo que ocurre, y no sólo ponerse la máscara de ingenuidad y conducirnos con el laissez faire de siempre.
Este problema es tan rico, amplio, complejo e interesante, que lo volveremos a tratar, pero en partes.

Bibliografía
Franco, C. (2012). Los recitadores de la ley: A propósito del silencio de la Bibliotecología frente a las Normas para el parque humano de Peter Sloterdijk. 25 h. Localizado: 20 mayo 2017. En: http://eprints.rclis.org/29141/1/recitadores-de-la-ley-camilo-franco.pdf
IFLA (2017). Information Literacy Section. Localizado: 21 mayo 2017. En: https://www.ifla.org/information-literacy
IFLA (2017). Literacy and Reading Section. Localizado: 21 mayo 2017. En: https://www.ifla.org/literacy-and-reading
Meneses Tello, F.; Licea de Arenas, J. (2005). El problema ideológico de la selección-eliminación-destrucción de libros y bibliotecas. Ciencias de la información, 36(2), p. 65-71.
Sloterdijk, P. (2006). Normas para el parque humano: Una respuesta a la Carta sobre el humanismo de Heidegger. Traducción de Teresa Rocha Barco. 4a edición. Madrid: Siruela. Biblioteca de ensayo; 11. Serie menor.

domingo, 7 de mayo de 2017

67. PELIGROS Y RIESGOS

Los servicios dan solución a las necesidades de información de los usuarios utilizando los mecanismos de acceso a los recursos materiales y/o lógicos disponibles de la biblioteca. Sus características son dos:
  • La adecuación, que consiste en conducir la necesidad de información a su solución a través de una ruta en la que haya el menor número de desviaciones, las cuales pueden ser meros intentos o vías equivocadas.
  • La efectividad, que consiste en acciones que involucran el medio, la disponibilidad real utilizada, la rapidez y la pertinencia.
De esta manera, los servicios tienen el control del acceso a lo que está disponible, por lo que resulta muy importante que distingamos, para fines de análisis, la disponibilidad y el acceso.
Por otra parte, desde hace un lustro en la Gestión del Conocimiento empezó a abordarse el tema de cómo se debe gestionar la ignorancia de las organizaciones. 
La ignorancia es un estado de las personas, los grupos y las organizaciones, que consiste en no saber algo porque no se puede, no se quiere o no se debe, y ocurre como una construcción social que excluye para fines de protección, identidad, mantenimiento, cohesión y/o control. La ignorancia, más que el conocimiento, es lo que une y empareja a las personas, las organizaciones y los grupos.
Israilidis, Lock y Cooke han definido la "gestión de la ignorancia" de la siguiente manera:

es un proceso de descubrimiento, exploración, darse cuenta, reconocimiento y administración de la ignorancia, dentro y fuera de la organización, a través de un proceso administrativo apropiado para satisfacer las demandas actuales y futuras, para diseñar mejores políticas, y para modificar acciones, de manera que se alcancen los objetivos de la organización y se mantenga la ventaja competitiva.

Esta definición, tal cual la enunciaron los autores, sirve para bibliotecas universitarias, especializadas y escolares, en donde la organización puede ser una institución de educación superior, o de investigación, o una escuela, respectivamente. En el caso de las bibliotecas públicas, la organización será la sociedad. Además, dependiendo del tipo de biblioteca la ventaja competitiva se puede entender de dos maneras: hacia dentro de la biblioteca o hacia la comunidad a la que sirve.
El proceso que enuncia esta definición se muestra en la siguiente gráfica:

Gestión de la ignorancia (Israilidis, Lock y Cooke).
Esta noción nos sirve para entender mejor lo que hacemos los bibliotecarios con nuestros usuarios, pues cuando acuden a solicitar nuestros servicios bibliotecarios o de información tratamos de descubrir, explorar, darnos cuenta o reconocer lo que ellos nos piden o requieren, y asimismo administramos su ignorancia a través de interacciones y por los recursos que ponemos a su disposición en formas predeterminadas.
En consecuencia, y dado que los servicios gestionan la ignorancia, entonces conllevan peligros y riesgos que pueden ocurrir con relativa frecuencia. Para comprender esto, introducimos las siguientes tres definiciones:
  • Peligro (hazard): Agente que proporciona servicios en la biblioteca, o recursos materiales y/o lógicos de la misma, capaces de introducir ruido, sesgos, errores o tendencias en la solución a las necesidades de información de los usuarios.
  • Riesgo (risk): Probabilidad de que ocurra un fallo en la solución a las necesidades de información de los usuarios por la presencia de un peligro en la ejecución del servicio.
  • Necesidad de información (information need): Es un estado o situación de ignorancia determinado del usuario, que se toma como punto de partida para buscar dotarlo de información o conocimiento adecuados para un proceso de aprendizaje y/o apropiación, que reduzca y redefina su ignorancia, y le lleve a tener otro estado o situación de ignorancia.
De esta manera, los bibliotecarios pueden tener una interacción deficiente con un usuario, proporcionarle acceso a recursos de información de calidad cuestionable, hacer que su experiencia de servicio sea tortuosa, limitarle la disponibilidad, cuestionarle su necesidad de información, y demás, provocando como consecuencias ruido, sesgos, errores o predisposiciones de tendencias en ese usuario, todo con relativa facilidad y sustentado en supuestos de la autoridad del bibliotecarios por su presunta neutralidad, dedicación y preparación.
¿En que extensión ocurre esto en las bibliotecas de todo el orbe? Es difícil saberlo, pues los bibliotecarios se han enmascarado en todo el mundo y niegan cualquier estudio que apunte a mostrar sus fallos, por lo que generalmente no aprenden de sus errores, sino que los repiten desde hace décadas. Esto puede asumirse como una soberbia muy grande de los bibliotecarios, pero ellos lo justifican porque se asumen como campo laboral asediado y poco reconocido.
¿Contribuyen a esta situación las escuelas que forman bibliotecarios, así como las instituciones de investigación en materias bibliotecarias y de la información? Definitivamente, pues son claros instrumentos creadores y difusores de la ideología predominante en el mundo bibliotecario, que es la que justifica el statu quo.
Tenemos entonces que la gestión de la ignorancia es algo que hacen los bibliotecarios hacia dentro y hacia fuera de su gremio, y por ende lo realizan también las bibliotecas. Asimismo, encontramos indicios de que esto puede llevar a que existan peligros y riesgos para los usuarios de los servicios. No obstante, como los asuntos que ahora tratamos son tabúes de los bibliotecarios, se requiere un gran esfuerzo para ahondar en estos problemas, pues conforman un complejo de ignorancia que administran los bibliotecarios para presentar una cara bien maquillada al mundo. 
Las implicaciones sociales, morales y políticas de esta situación son innegables. Precisamente por su complejidad, seguiremos abordando estos asuntos.

Bibliografía
Israilidis, J.; Lock, R.; Cooke, L. (2013). Ignorance management. Management dynamics in the Knowledge Economy, 1(1), p. 71-85.

martes, 18 de abril de 2017

66. LA VERDAD


¿Qué es la verdad en la Biblioteconomía? Generalmente, esta pregunta se entiende como referida a las colecciones de las bibliotecas, esto es, a si sus contenidos son verdaderos. No obstante, esto sólo podría aplicar a una parte del acervo: aquellos recursos de información en los que el contenido corresponde a una realidad aceptada. Claro que en esta afirmación hay una noción implícita de lo que es la verdad.
En algunas ocasiones, la verdad se entiende también como uno de los resultados del quehacer bibliotecario, sobre todo cuando se afirma que el usuario tiene derecho a saber la verdad.
Esta cuestión la plantearon hace años Martínez Rider y Rendón Rojas (2004), quienes revisaron cuatro conceptos de verdad: 
  • como correspondencia entre lo que se dice y lo que existe en la realidad aceptada.
  • como consenso o acuerdo de una comunidad referente a lo que se dice que es verdad.
  • como algo útil, pues lo que se dice sirve para hacer algo.
  • como un decir no contradictorio.
Estos autores se inclinaron por la primera noción, pero aclarando que no la absolutizan ya que consideran importante tener en cuenta el proceso histórico-social de su producción. En consecuencia, agregan que "no hay una verdad última y universal, pero si hay verdades que al serlo nunca perderán su valor".
Cuatro años más tarde, Labaree y Scimeca afirmaron que las prácticas objetivas de la biblioteconomía sólo se pueden explicar adecuadamente al considerar su lugar en el contexto del desarrollo histórico. De esta manera, otra noción de la verdad consiste en el decir que vale en un determinado contexto histórico.
Tenemos entonces cinco conceptos de verdad, de los cuales dos son apoyados por los autores como propios de la Biblioteconomía.
La verdad se puede concebir como relación, propiedad, cualidad o perlocución, según el Diccionario de la lengua española (RAE). Al buscar los opuestos a la verdad en el diccionario, esto es, sus antónimos, hallamos la siguiente lista: falsedad, mentira, engaño, hipocresía, embuste, trola, bola, fábula, error, equivocación.
Estos opuestos a la verdad son de dos tipos que se imbrican:
  • Decir no aceptado: Falsedad, fábula.
  • Actuar no aceptado: Mentira, engaño, hipocresía, embuste, trola, bola, error, equivocación.
Así, un decir no aceptado ocurre como un actuar no aceptado y viceversa. Esto es así porque en el mundo decir y actuar son como dos caras de la misma moneda.
Podemos notar ahora que los cuatro conceptos de verdad de Martínez Rider y Rendón Rojas, así como el quinto concepto de Labaree y Scimeca, existen como un decir y un actuar entrelazados.
No obstante, es importante señalar que las dos nociones que proponen los autores consultados son excluyentes, esto es, la correspondencia de un decir con la realidad aceptada o con un contexto histórico determinado deja fuera otras posibles explicaciones. A manera de ejemplo, en los libros de historias de las bibliotecas en México, que se realizaron en la década de 1980, se afirmaron muchos juicios de historiadores, pero al considerarlos los bibliotecarios tuvieron otras explicaciones de las situaciones relatadas.
Otro ejemplo sería el siguiente:
"La infodiversidad entraña el conjunto de acciones y funciones que aseguran a todo ser humano la posibilidad de vivir en un ambiente de fuerzas y productos sociales que lo enriquecen con la diversidad de ideas y pensamientos de cualquier época y de cualquier entorno geográfico. El propósito radica en establecer un equilibrio cultural en la vida [de] los individuos y en la del grupo social al que éstos pertenecen".
que no corresponde a nada conocido hasta ahora por su gran idealismo. Si fuera verdad, no habría crímenes de odio en Estados Unidos. No obstante, es un concepto aceptado por el gremio bibliotecario y quien opine al contrario es considerado irrelevante o incomprensible.
Por otra parte, una forma de decir y actuar no aceptados se denomina "falacia", que según Herrera Ibañez y Torres es un razonamiento incorrecto, con una salvedad: es psicológicamente persuasivo y la explicación de por qué es persuasivo, a despecho de su incorrección lógica, debe buscarse en algunos casos en su función expresiva destinada a provocar actitudes que probablemente inclinen a la aceptación en lugar de brindar razones".
En fecha reciente, los bibliotecarios estadounidenses se han procupado debido al concepto de "posverdad", que fue denominada "palabra del año" por el Diccionario Oxford en 2016. La posverdad es la situación en la cual, a la hora de crear y modelar opinión pública, los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales. De esta manera, la posverdad es un decir fraudulento y emotivo expresado con una función perlocutiva.
Sin embargo, la posverdad es un eufemismo de la falacia, o sea, oculta que se esta mintiendo al darle carta de naturalidad a una nueva designación de la mentira.
La razón por la que los bibliotecarios esdounidenses están preocupados por la posverdad obedece a dos motivos:
  • es porque muchos de sus discursos, construcciones teóricas y manuales pueden recibir el calificativo de "posverdad".
  • es por los problemas que plantea la posverdad para la selección documental.
Quizá debamos buscar una verdad para la Biblioteconomía en la propuesta del conocimiento no-abismal planteada por Santos, para quien la verdad sería intervención, no representación. De esta manera, aceptando la creencia, la intersubjetividad y la interacción conocimiento-ignorancia como partes sustantivas de una ecología de saberes se podría actuar en el mundo encontrando en esa praxis la verdad.
En su decir y actuar, la Biblioteconomía lleva más de cien años bruñendo su espejo para dejarse seducir por las vistas parciales o trucadas de su reflejo. Quizá es hora de tomar en serio el asunto de su verdad, o sus verdades.
Entonces, este problema de la verdad es tan interesante y complejo como lugar donde coinciden el conocer y el creer, lo científico y lo no-científico, el valor y el no-valor, que nos atreveríamos a decir que todas las nociones de verdad, excepto la cuarta de Martínez Rider y Rendón Rojas, son aproximaciones válidas a una noción compleja de verdad en Biblioteconomía. Pero esto, lo revisaremos en otra ocasión.

Bibliografía
Herrera Ibañez, A.; Torres, J.A. (1994). Falacias. México: Torres.
Larabee, R.V. y Scimeca, R. (2008). The philosophical problem of thruth in Librarianship. The library quarterly: information, community, policy, 78(1), p. 43-70.
Martínez Rider, R.M. y Rendón Rojas, M.A. (2004) Algunas propuestas latinoamericanas de objetos de estudio para la investigación bibliotecológica. Revista internamericana de bibliotecología, 27(1), p. 13-44.
Princetos University. (2011). Notes on thruth and librarianship. Academic librarian. Localizado: 18 abr. 2017. En: https://blogs.princeton.edu/librarian/2011/01/notes_on_truth_and_librarianship/
Santos, B. de S. (2007). Para além do pensamento abissal. Novos estudos, (79), p. 71-94.

jueves, 2 de marzo de 2017

65. ÉTICA BIBLIOTECARIA (1)

No es sencillo tratar sobre asuntos éticos en materia de información, de su circulación, de los repositorios de la información, y de su valoración, selección, adquisición, identificación y registro, organización, disponibilidad, difusión y accesibilidad. Más bien, es difícil abordar cada uno de estos temas desde la ética, lo cual pudiera deberse al relativismo cultural, y en particular a los estados de ignorancia e ingenuidad que existen en cada formación cultural, así como por los individuos y grupos que viven esa cultura.
Al respecto, un caso podría servirnos para entender cómo funciona la ética, por lo que partimos de una pregunta que aplicaremos a México y los mexicanos con sus culturas profunda e imaginada, para indagar hasta dónde nos lleva el intento de responderla.
La pregunta es:

¿Es ético instalar o mantener una biblioteca para que se use poco o no se use?

Esta pregunta se justifica en México por varias razones:
  • La agresiva campaña mercadológica que han realizado el gobierno y los empresarios del país por varios años contra las bibliotecas y los libros, enfatizando que serán sustituidos por la Internet, la digitalización y los objetos digitales. Paradójicamente, hace unos años se ha implantado una campaña nacional de fomento de la lectura para estimular el consumo de libros.
  • El descenso en la asistencia de usuarios a las bibliotecas en general y, en particular, el grave caso de abandono de las bibliotecas públicas junto con la simulación estadística para sostener que no ocurre esta situación.
  • La falta de mantenimiento y de recursos para el desarrollo de gran cantidad de bibliotecas a lo largo de la nación, con el pretexto de la optimización de su gestión, y prefiriendo los dueños el trato directo con las empresas que ofertan productos y servicios de información.
  • La formación de bibliotecarios cada vez menos técnicos, y más académicos y desconocedores de sus colecciones, por estar atentos a las novedades del mercado (planned obsolescence), además de que carecen de habilidades para resolver problemas de las bibliotecas y para asegurar su sostenibilidad y desarrollo.

Al respecto, es preciso señalar que en México se crean bibliotecas como resultado de tres acciones diferentes:
  • Por motivos personales.
  • Por necesidades de un grupo, que generalmente está integrado por profesionales y/o académicos de una misma disciplina o similares.
  • Por decisión de una organización pública o privada, que puede ser una figura escolar, cultural, laboral o de otro sector y nivel.

Cada una de estas acciones considera que la biblioteca es posesión del individuo, el grupo o la organización, y que debe servir a sus propios fines, esto es, como un medio para lograr unos objetivos determinados.
Con el transcurrir del tiempo, los individuos, los grupos y las organizaciones pueden cambiar, con lo que también pueden cambiar los objetivos que se proponen. En consecuencia, las bibliotecas que han creado deben cambiar para continuar sirviendo al propósito de lograr esos nuevos objetivos. De no conseguirse este cambio en las bibliotecas, pueden ser abandonadas, transferidas o destruidas por sus dueños.
En referencia a la transferencia de las bibliotecas, es importantes señalar que en algunos casos se identifican valores en los componentes de esas bibliotecas que las hacen interesantes para alguien que no es su dueño. Esos valores pueden ser históricos, artísticos, religiosos, culturales, materiales, o de otro tipo. Pero este es un tema aparte que podríamos comentar en otro momento.
Ahora bien, la respuesta a la pregunta planteada requiere que aclaremos algunos conceptos, tales como:
  1. ¿Qué es "instalar una biblioteca"?
  2. ¿Qué es mantener una biblioteca?
  3. ¿Qué significa "que se use poco"?
  4. ¿Qué significa que "no se use"?
  5. ¿Qué relación existe entre las respuestas a las preguntas 1 y 2, y las respuestas a las preguntas 3 y 4?

Sobre la primera pregunta, instalar una biblioteca consiste en un conjunto de tareas para dotarla de condiciones materiales, administrativas y financieras que sirvan para tener disponibles los recursos de información, y para poder operar los servicios que brinden el acceso a esos recursos.
Mantener la biblioteca es brindarle insumos para su operación, así como tener previstas acciones de preservación y conservación con enfoques preventivo y correctivo para sus componentes.

Que se use poco una biblioteca consiste en que el promedio de la cantidad de usuarios que asistan durante un período en que este disponible sea menor a su aforo. Por supuesto, esto puede aplicar a las bibliotecas de grupos y organizaciones, pero no a las de particulares.
Que no se use una biblioteca consiste en que no tenga usuarios por un período determinado. Esto puede aplicar a todas las bibliotecas.
Resulta que si la biblioteca se instala puede atraer usuarios por un tiempo, pero si no se le da mantenimiento entonces puede decaer la asistencia y, consecuentemente el uso, lo cual puede ocurrir en cualquiera de las bibliotecas; sin embargo, en las bibliotecas de grupos y organizaciones la situación puede ser diferente si existen bibliotecarios que conozcan sus colecciones y que puedan utilizarlas en beneficio de sus usuarios.
Entonces, si la biblioteca se usa poco o no se usa, es posible que existan condiciones anómalas en su mantenimiento, más que en su instalación, que pueden ser la razón de ese poco o nulo uso. En este sentido, lo realmente ético sería investigar la situación de su instalación y mantenimiento antes de tomar una decisión sobre abandonarla, transferirla o destruirla. Asimismo, es muy importante determinar si la biblioteca puede enmendar el camino y hacer los cambios que la instalen nuevamente como un bien útil para su dueño.
En caso de no ser posible que se reinstale como un bien útil, siempre debe preferirse su transferencia antes que su abandono o destrucción, aunque la biblioteca no tenga interés alguno para alguien distinto a su dueño. Para ello, sería necesario establecer depósitos que recuperen las bibliotecas potencialmente transferibles, además de considerar a mayor profundidad esta cuestión ética. Por este motivo, seguiremos considerando este asunto ahora que iniciamos las reflexiones en materia ética.

viernes, 31 de julio de 2015

64. EL ARTE DE LA BIBLIOTECONOMÍA

Hace un par de años, hicimos un Seminario de Fuentes Históricas de la Bibliotecología en México, en donde saltaron a la vista distintos aspectos olvidados o poco conocidos de la conformación de esta ciencia.
Entre los hallazgos que nos parecieron más notables encontramos los tres siguientes:
1. La Biblioteconomía se conformó en México por la adición de varias prácticas y nociones distintas, que se reunieron para echar a andar proyectos de gran envergadura en materia de organización bibliográfica en bibliotecas de acceso público. Así, a la Bibliografía se le agregaron la Bibliología, la Catalografía, la Clasificación, además de nociones de Economía y Administración, así como conocimientos de idiomas. La Biblioteconomía nació de esta amalgama.
2. La Biblioteconomía fue concebida como arte y como ciencia, esto es, el arte de hacer las bibliotecas y hacer con las bibliotecas, junto con el conocimiento de los libros, la historia de las bibliotecas, los procesos de selección, catalogación y clasificación, así como la buena lectura y otros asuntos relacionados.
3. La Bibliotecología se planteó como la ciencia resultante del establecimiento de bases teóricas firmes desde la Biblioteconomía, con la concurrencia de desarrollos más amplios de la Bibliografía y la Bibliología. Al respecto, es de señalar la importancia de la Bibliografía para la generación de conocimientos.
Así, la Biblioteconomía aportaría a la construcción de la Bibliotecología, y ésta llegaría a conformarse como ciencia cuando pudiera desarrollarse sin la necesaria presencia de su antecesora.
Este planteamiento nos lleva a preguntar sobre la naturaleza de la Biblioteconomía como arte. ¿De qué se trata?
Hace un par de días, charlaba con el pianista Marcelo Reyes sobre la naturaleza del Arte (con inicial mayúscula) y coincidimos en que se trata de un proceso en el que un sujeto (el artista) se esfuerza para someter su instrumento a su voluntad, pues lo debe dominar, al tiempo que es sometido por un imperativo superior a él, el cual admira porque le hace sentir inspirado y al que aspira a abrazar para llevar a sus últimos extremos su propia condición de sometido. Así, el dominio del instrumento le sirve al artista para lograr su sometimiento al imperativo que sabe y siente que es superior a él.
Si partimos de estas reflexiones, y notamos que la Biblioteca es el instrumento del bibliotecario -la máquina que proyectó Gabriel Naudé-, tendremos que él es quien debe someterla, lo cual realiza a través del proceso de esa Biblioteca que resulta en colecciones y servicios. A partir de este dominio, el arte del bibliotecario ocurre en el momento en que se somete a un imperativo superior, parte del cual está expresado en la misión organizacional que acepta (véanse las entradas 21 y 56) y otro tanto en su intención de servir y apegarse a valores superiores como el Bien, la Justicia, la Belleza, el Conocimiento o un concepto de divinidad.
El siguiente gráfico ilustra lo que estamos comentando, a la vez que muestra cómo a partir de los requerimientos, los intereses y los deseos, el bibliotecario como artista crea orden, servicios y discursos.
El arte de la Biblioteconomía como proceso.
El gráfico también evidencia que el sometimiento de la Biblioteca lo realiza el bibliotecario a partir de una filosofía o diversas teorías, utilizando asimismo una o más normativas para concretar su acción sometedora.
Relacionado con este tema, notamos que el economista estadounidense Herbert Simon apuntó en su obra Las ciencias de lo artificial (1969) que antes de que la Bibliotecología entrara a la arena de la academización para obtener reconocimiento en los ámbitos de la educación superior, era una disciplina dada al diseño de soluciones para atender distintas situaciones y/o problemas. Sin embargo, el diseño se fue eclipsando y abandonando para dar paso a contenidos teóricos que fueron llenando el currículo.
En esta observación de Simon podemos buscar el carácter de arte de la Biblioteconomía: Ese saber hacer que caracterizó a varios bibliotecarios de antes, y que también se manifestó en su valoración crítica de las normativas extranjeras para aplicarlas en el propio país.
No obstante, esta reflexión no debe llevarnos a pensar que proponemos hacer un mero viaje al pasado para conocer la historia, sino que más bien debe servirnos para darnos cuenta de que lo verdaderamente enriquecedor en estos momentos sería lograr actualizar ese arte de la Biblioteconomía para que sirva ahora, con renovados bríos, para resolver los problemas bibliotecarios, documentales y de información, así como para mejorar la situación de muchas bibliotecas. Y ni se diga lo que ayudaría para resolver el entuerto en que anda la educación bibliotecaria.(véase la entrada 57).
De esta manera, es mucho lo que podría aportar una problematización de la Biblioteconomía como arte. No obstante, el tema es tan vasto y complejo que lo seguiremos tratando en sucesivas entregas.

Bibliografía

Simon, H.A. (2006). Las ciencias de lo artificial. Traducción de Marta Poblet y otros. Granada: Editorial Comares.

jueves, 24 de abril de 2014

63. ASIMETRÍA DE LA INFORMACIÓN

Entre las muchas paradojas que podemos encontrar en el mundillo bibliotecario –ese que algunos llaman “gremio” para el mantenimiento de la férrea jerarquía que fue característica de los grupos de artesanos medievales–, una que llama la atención tiene que ver con el conocimiento propio del bibliotecario, o sea, tanto el que éste aprende en las escuelas o en la práctica, como el que comparte con los usuarios.
¿Google o bibliotecario?
Veamos el segundo caso, de compartir el conocimiento con los usuarios, con algunos ejemplos para notar esta situación paradójica.
Cuando a fines del siglo XIX se decidió que las bibliotecas debían abrir sus estanterías para que el usuario pudiera beneficiarse del encuentro directo con todo lo reunido en el acervo sobre el tema de su interés, de inmediato surgió el problema de que éste no comprendía la signatura topográfica. Esto es, muchos usuarios no alcanzaron a entender los intríngulis de la ordenación, mientras que otros pocos aprendieron tan bien la naturaleza de la ordenación que jugaron con la clasificación cambiando las ubicaciones: Si el bibliotecario ordenaba la parte decimal de manera decimal, el usuario tomaba el decimal como un número consecutivo, y viceversa. Asimismo, son proverbiales las historias sobre las travesuras de los usuarios, como el juego del ocultamiento o los cambios de arreglo en la estantería.
Muy pronto, apareció la necesidad de enseñar al usuario el orden impuesto por la signatura topográfica, lo cual fue tema de debates que pasaron de la negación a la demarcación de los límites hasta donde habría que enseñarle. De hecho, las travesuras del usuario dieron motivo para intentar cancelar la instrucción bibliográfica, luego llamada educación o formación del usuario, que se impartía en las bibliotecas.
Por otra parte, la enseñanza dada al usuario sobre cómo tendría que utilizar la biblioteca y cada uno de sus recursos fue asunto de otras discusiones, pues muchos bibliotecarios que se asumían como intermediarios entre el usuario y el acervo o la información se sintieron desplazados. Además, en los hechos ocurrió que la educación o formación del usuario trajo como consecuencia la reducción de la cantidad de bibliotecarios contratados para brindar los servicios.
Lo anterior llevó a la manifestación del celo con el que muchos bibliotecarios quisieron guardar su conocimiento, el cual se vio asediado cada vez con mayor intensidad por aquéllos que igualaron la difusión de este conocimiento con el derecho de acceso a la información de cualquier usuario. Una de las mayores paradojas la vivimos en la actualidad con las propuestas que plantea el movimiento mundial de Alfabetización Informacional (ALFIN), el cual apunta hacia una total independencia del usuario desde el momento de tener una necesidad de información hasta su satisfacción. Esto es, el usuario ya no se ve obligado a acudir a un bibliotecario, sino que puede identificar una cantidad vasta de medios y mediadores –que son quienes controlan los flujos de la información–, de modo que la biblioteca es meramente uno de los circuitos que puede transitar.
¿Bibliotecas o bancos?
Hay otro caso de un tipo especial de usuarios que han utilizado el conocimiento de los bibliotecarios para establecer empresas lucrativas: La industria de la información y el mercado de la información, sobre todo la modalidad de los outsourcing, esto es, los servicios externos. Así, muchos procesos que antes hacían los bibliotecarios ya los realizan empresas, que de esta manera generan productos como servicios de adquisición de todo tipo de documentos, o generación, conversión y venta de bases de datos, o catalogación, o asesorías y consultorías en temas generales o especiales de información, y un gran etcétera.
Una parte de la industria de la información está conformada por los tecnólogos (informáticos, computólogos, expertos en redes, y otros) que desarrollan aplicaciones técnicas que contienen “bibliotecas” o que dicen que son similares a, o que funcionan como “bibliotecas”, sean programas de cómputo diseñados para usos diversos hasta dispositivos móviles, de modo que pareciera que la palabra “biblioteca” vive una primavera de tanto que se le nombra en todas partes.
Todo este curioso entorno ha venido a ocasionar problemas conceptuales, sobre todo en la actualización de las nociones sobre lo que sea el bibliotecario, y esto tiene su reflejo más significativo en las crisis permanentes en que se encuentra el currículo de las escuelas de formación de bibliotecarios.
Pero entonces, ¿en qué sentido se trata de un gremio el colectivo de los bibliotecarios? Esto es, los gremios medievales guardaban celosamente su conocimiento y sabían bastante bien que "buscar la información que no se tiene y proteger la información que se tiene, es el nombre del juego" (Geertz). Pero eso no ocurre en el mundillo de los bibliotecarios.
Hace algunos años, conocí una propuesta que impulsaban filósofos del derecho en los países nórdicos referente a que el conocimiento jurídico debía estar al alcance de la población desde la escuela temprana, o sea, se debía educar a las personas desde la infancia para que llegaran a ser menos dependientes de los abogados. Ignoro si esta propuesta prosperó y por eso los países nórdicos son el modelo a seguir en muchas cosas, o si se canceló y sus abogados se volvieron más eficientes, tomando estas reflexiones como un llamado de atención para no actuar únicamente como operarios mantenedores del sistema social establecido y de sus propios privilegios.
Desde hace un tiempo, se habla de la desaparición del bibliotecario, de su evolución, de su involución y de su transformación necesaria dejando de verse como la oruga que envidia a las mariposas. Intuimos que para lograr un cambio este bibliotecario debe dejar atrás su mentalidad gremial y asumirse más como un verdadero profesional, o sea, no sólo nombrarse profesional porque haya pasado por alguna institución de educación superior sino mirarse como alguien comprometido consigo mismo y con su rol social. Pero esto es parte del problema.
Los economistas utilizan el concepto de la “asimetría de la información” para referirse a las situaciones que se presentan en un mercado cuando la posesión de cierta información por uno de los competidores le brinda ventaja por encima de los otros contendientes. No obstante, muchos bibliotecarios prefieren negar que viven en una economía de mercado, aunque en lo privado puedan ser compradores compulsivos o envidiar muchas cosas que los demás tienen.
¿Conectarse al mercado?
Otro aspecto del problema es si los bibliotecarios deben entrar al juego de la asimetría de la información en el mercado de la información y demarcar lo característico del espíritu bibliotecario, además de los espacios para el ejercicio del quehacer bibliotecario. A este respecto, debe quedarnos claro qué deseamos hacer con el rol de intermediario que alguna vez sabíamos y creímos que nos correspondía. ¿Seguir siendo intermediarios o volvernos actores en un mundo que cada vez demanda más información y conocimiento a una velocidad más rápida? Algunos pocos ya tomaron la decisión, muchos siguen indecisos.
No debe pensarse que esto nos obligue a volvernos mercaderes de la información, sino que debemos observar, para entender este problema, que el conocimiento bibliotecario y el derecho del usuario a tener acceso a la información no son contrarios, sino que se han roto los equilibrios en que antes estaban y se les ha vuelto contrarios para provocar una situación de mercado. Es en este momento, y con la situación que es vista más como crisis por no comprender lo que ocurre, cuando debemos intentar aclarar este problema, despojarlo de las ideologías que lo vuelven más crítico, y reflexionar en su mejor comprensión. Creemos que el problema es complejo pero apasionante, y por eso lo volveremos a considerar en otro momento.

domingo, 9 de febrero de 2014

62. LA REALIDAD

Charlando con un colega, me decía que en nuestro país no habían funcionado nunca las bibliotecas públicas, a pesar de las buenas intenciones, los grandes esfuerzos y los descomunales discursos que llenan los arcones de nuestra historia bibliotecaria nacional. A partir de este planteamiento, revisamos juntos cómo se han manifestado en ellas los binomios propiedad-uso (sustantivos) y patrimonial-institucional (adjetivos).
Como resultado de esta colaboración, entendimos que la tradición bibliotecaria de nuestro país está mejor dibujada como propiedad patrimonial que como uso institucional, sin importar que se trate de un derecho o un privilegio. Abundando en nuestro hallazgo, hemos comprendido que esta distinción afecta las percepciones que se tienen de las bibliotecas y en particular el que se les conciba como algo propio (= propiedad patrimonial) o ajeno (= uso institucional).
Estos vértigos reflexivos nos llevaron a preguntarnos cuál es la realidad bibliotecaria en México. Entonces, y luego de jugar con varias ideas, nos pusimos de acuerdo en los siguientes dos planteamientos:
1. Los bibliotecarios en México conciben la biblioteca sólo como su fuente natural de trabajo. Como consecuencia, ellos miran desde su posición diversa (vid. entrada 31) la realidad bibliotecaria, sea como dueños de proyectos, como administradores o, mayormente, como operarios. De esta manera, aunque todos conciban la biblioteca como su fuente natural de trabajo, la posición diversa en que se encuentran reportará realidades distintas. Además, también podemos notar que hay percepciones distintas de la realidad por las diferencias espacio-temporales, por lo cual tenemos que no se reportaría la misma realidad bibliotecaria en las regiones de México antes del año 1921, o entre 1921 y 1955, o desde 1956 y hasta 1982, o a partir de 1983.
2. Los bibliotecarios en México desconocen su realidad. Esto nos parece muy obvio al considerar las descripciones del mercado laboral que asumen las escuelas de formación de bibliotecarios, las cuales parecen nunca corresponder a la realidad cuando se hacen evaluaciones de sus programas. Asimismo, constatamos lo que dice este apartado porque los bibliotecarios de nuestro país ignoran la forma como participan en el mantenimiento del sistema de infopobreza (vid. entrada 48), e igualmente cuando participan en la definición alienada de las necesidades de información, que sólo considera la parte del todo que mejor corresponde a la ideología capitalista (vid. entrada 52).
Una duda nos asalta ante estos planeamientos: Si la realidad es algo tan variable en su determinismo, o es desconocida para los bibliotecarios mexicanos, ¿cómo es posible que haya bibliotecas funcionando bien o mal en México? La respuesta lógica es que las hay porque su existencia no depende de los bibliotecarios, o sea, que los bibliotecarios sólo se dedican a conducir proyectos, administrar o hacer labores operarias en las bibliotecas, pero no tienen que ver con las decisiones sustantivas de esas bibliotecas.
A partir de esta charla, inferimos que cualquier intento de sustentar la verdad del conocimiento bibliotecario -en cualquiera de las disciplinas que se ostentan como propietarias de este conocimiento- debe hayarse comprometido con nuestro conocimiento de la realidad bibliotecaria. Al respecto, antes de entrar al problema de la verdad de ese conocimiento -lo cual trataremos en otra entrega-, nos interesa problematizar la realidad tal como la concebimos los bibliotecarios.
Ante esta situación, decidimos hacer una rápida revisión al azar de casos en la literatura bibliotecaria. Por esta vía, encontramos las siguientes dos declaraciones de Broadfield:
A. Las bibliotecas existen en interés de la libertad de pensamiento. Agrega el autor que este principio tiene que ver con el compromiso de esas bibliotecas con los métodos que alteran la calidad del pensamiento. Sin embargo, su labor se realiza entre dificultades teóricas y prácticas complejas, que aparecen en su camino en un mundo con tendencias autoritarias.
B. El bibliotecario debe idear formas de ayudar a la gente a vivir vidas individuales plenas, mostrándoles el camino sin fastidiarlos y luego privarlos de la oportunidad de la espontaneidad.
Estas afirmaciones nos reportan una realidad de la posguerra europea, por lo que las nociones de la libertad de pensamiento versus el autoritarismo, sobre las posibilidades de alterar el pensamiento, al respecto del individualismo y en materia de la espontaneidad conformaban el discurso del momento para tratar de las responsabilidades y el compromiso de las bibliotecas. Algunas de estas nociones corresponden a situaciones entonces observadas, otras a los imaginarios de la época y unas más a símbolos que se enarbolarían como estandartes para repudiar el belicismo. Llama la atención la aclaración de Broadfield sobre que el bibliotecario no debe fastidiar a la gente ni privarla de la oportunidad de la espontaneidad.
Por otra parte, recientemente Parag Khanna dio una conferencia para IFLA sobre la realidad híbrida y las bibliotecas. El concepto de "realidad híbrida" busca explicar la situación en la que viven las sociedades que están expuestas a las tecnologías de la información, los medios de comunicación, las aplicaciones de computadora, las redes sociales y un mundo en donde lo real y lo virtual se imbrican.
Dijo en su conferencia que las bibliotecas siguen desempeñando un papel importante en la realidad híbrida debido a su posición única: Son una mezcla de tecnología, cultura material, así como un lugar virtual y físico - todo ello convergiendo en una esfera pública. De esta manera, se espera que los bibliotecarios puedan reportar la realidad híbrida de sus bibliotecas, pero entendidas ahora como espacios públicos convergentes de tecnología y recursos materiales, que se manifiesten a las personas en modalidades virtual y física. Por supuesto, las bibliotecas seguirían siendo consumidoras de bienes y ofertadoras de recursos y servicios de información, aunque no resulta claro el alcance de lo público.
Tenemos que estas dos inmersiones con textos de Broadfield y Khanna reportan dos realidades muy distintas, aunque en ambos casos tratamos sobre bibliotecas. La primera diferencia que notamos tiene que ver con el binomio compromiso-posicionamiento, esto es, Broadfield señala a la biblioteca por el compromiso que debe cumplir en la posguerra, en tanto que Khanna se refiere al posicionamiento de la biblioteca en la era híbrida. Una segunda distinción tendría que ver con el desarrollo del capitalismo en cada momento histórico, con la consecuente diferencia ideológica.
Al aplicar las categorías lacanianas de lo real, lo imaginario y lo simbólico, junto con las categorías ontológicas del conocimiento (dado o construido) a la situación actual de las bibliotecas en México, nos ha resultado la siguiente tabla ejemplificadora:

Atisbo a la realidad bibliotecaria en México

Se reportan así las realidades real, imaginaria y simbólica, con enunciados que corresponden a distintas percepciones que tienen los bibliotecarios: Algunos aceptan todos los enunciados de manera irreflexiva y otros sólo determinados enunciados.
El conocimiento de la realidad bibliotecaria es un asunto de suma importancia, pero que atrae complejos problemas por su amplitud y diversidad, así como por las otras dificultades que involucra. La determinación de los problemas bibliotecarios, las afirmaciones que hacemos sobre las bibliotecas y los bibliotecarios, así como la forma como administramos las bibliotecas dependen de los reportes que hagamos de nuestra realidad, que desgraciadamente muchos quieren sustentar, e incluso forzar esa sustentación en citaciones, como si la realidad fuera algo ya dado en la bibliografía bibliotecaria. Todo esto conforma una situación bizarra que complica la comprensión de lo que sea la realidad de las bibliotecas y los bibliotecarios. Por estos motivos, seguiremos explorando este filón en sucesivas entregas.

Bibliografía

Broadfield, A. (1949). The task of the library in the modern world. En su: A philosophy of librarianship. London: Grafton. pp. 10-34.
Pin Pin, Y. (22 ago. 2013). Una nueva realidad híbrida para las bibliotecas. IFLA express. Localizado: 8 feb. 2014. En: http://express.ifla.org/ES/node/6421