martes, 18 de abril de 2017

66. LA VERDAD


¿Qué es la verdad en la Biblioteconomía? Generalmente, esta pregunta se entiende como referida a las colecciones de las bibliotecas, esto es, a si sus contenidos son verdaderos. No obstante, esto sólo podría aplicar a una parte del acervo: aquellos recursos de información en los que el contenido corresponde a una realidad aceptada. Claro que en esta afirmación hay una noción implícita de lo que es la verdad.
En algunas ocasiones, la verdad se entiende también como uno de los resultados del quehacer bibliotecario, sobre todo cuando se afirma que el usuario tiene derecho a saber la verdad.
Esta cuestión la plantearon hace años Martínez Rider y Rendón Rojas (2004), quienes revisaron cuatro conceptos de verdad: 
  • como correspondencia entre lo que se dice y lo que existe en la realidad aceptada.
  • como consenso o acuerdo de una comunidad referente a lo que se dice que es verdad.
  • como algo útil, pues lo que se dice sirve para hacer algo.
  • como un decir no contradictorio.
Estos autores se inclinaron por la primera noción, pero aclarando que no la absolutizan ya que consideran importante tener en cuenta el proceso histórico-social de su producción. En consecuencia, agregan que "no hay una verdad última y universal, pero si hay verdades que al serlo nunca perderán su valor".
Cuatro años más tarde, Labaree y Scimeca afirmaron que las prácticas objetivas de la biblioteconomía sólo se pueden explicar adecuadamente al considerar su lugar en el contexto del desarrollo histórico. De esta manera, otra noción de la verdad consiste en el decir que vale en un determinado contexto histórico.
Tenemos entonces cinco conceptos de verdad, de los cuales dos son apoyados por los autores como propios de la Biblioteconomía.
La verdad se puede concebir como relación, propiedad, cualidad o perlocución, según el Diccionario de la lengua española (RAE). Al buscar los opuestos a la verdad en el diccionario, esto es, sus antónimos, hallamos la siguiente lista: falsedad, mentira, engaño, hipocresía, embuste, trola, bola, fábula, error, equivocación.
Estos opuestos a la verdad son de dos tipos que se imbrican:
  • Decir no aceptado: Falsedad, fábula.
  • Actuar no aceptado: Mentira, engaño, hipocresía, embuste, trola, bola, error, equivocación.
Así, un decir no aceptado ocurre como un actuar no aceptado y viceversa. Esto es así porque en el mundo decir y actuar son como dos caras de la misma moneda.
Podemos notar ahora que los cuatro conceptos de verdad de Martínez Rider y Rendón Rojas, así como el quinto concepto de Labaree y Scimeca, existen como un decir y un actuar entrelazados.
No obstante, es importante señalar que las dos nociones que proponen los autores consultados son excluyentes, esto es, la correspondencia de un decir con la realidad aceptada o con un contexto histórico determinado deja fuera otras posibles explicaciones. A manera de ejemplo, en los libros de historias de las bibliotecas en México, que se realizaron en la década de 1980, se afirmaron muchos juicios de historiadores, pero al considerarlos los bibliotecarios tuvieron otras explicaciones de las situaciones relatadas.
Otro ejemplo sería el siguiente:
"La infodiversidad entraña el conjunto de acciones y funciones que aseguran a todo ser humano la posibilidad de vivir en un ambiente de fuerzas y productos sociales que lo enriquecen con la diversidad de ideas y pensamientos de cualquier época y de cualquier entorno geográfico. El propósito radica en establecer un equilibrio cultural en la vida [de] los individuos y en la del grupo social al que éstos pertenecen".
que no corresponde a nada conocido hasta ahora por su gran idealismo. Si fuera verdad, no habría crímenes de odio en Estados Unidos. No obstante, es un concepto aceptado por el gremio bibliotecario y quien opine al contrario es considerado irrelevante o incomprensible.
Por otra parte, una forma de decir y actuar no aceptados se denomina "falacia", que según Herrera Ibañez y Torres es un razonamiento incorrecto, con una salvedad: es psicológicamente persuasivo y la explicación de por qué es persuasivo, a despecho de su incorrección lógica, debe buscarse en algunos casos en su función expresiva destinada a provocar actitudes que probablemente inclinen a la aceptación en lugar de brindar razones".
En fecha reciente, los bibliotecarios estadounidenses se han procupado debido al concepto de "posverdad", que fue denominada "palabra del año" por el Diccionario Oxford en 2016. La posverdad es la situación en la cual, a la hora de crear y modelar opinión pública, los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales. De esta manera, la posverdad es un decir fraudulento y emotivo expresado con una función perlocutiva.
Sin embargo, la posverdad es un eufemismo de la falacia, o sea, oculta que se esta mintiendo al darle carta de naturalidad a una nueva designación de la mentira.
La razón por la que los bibliotecarios esdounidenses están preocupados por la posverdad obedece a dos motivos:
  • es porque muchos de sus discursos, construcciones teóricas y manuales pueden recibir el calificativo de "posverdad".
  • es por los problemas que plantea la posverdad para la selección documental.
Quizá debamos buscar una verdad para la Biblioteconomía en la propuesta del conocimiento no-abismal planteada por Santos, para quien la verdad sería intervención, no representación. De esta manera, aceptando la creencia, la intersubjetividad y la interacción conocimiento-ignorancia como partes sustantivas de una ecología de saberes se podría actuar en el mundo encontrando en esa praxis la verdad.
En su decir y actuar, la Biblioteconomía lleva más de cien años bruñendo su espejo para dejarse seducir por las vistas parciales o trucadas de su reflejo. Quizá es hora de tomar en serio el asunto de su verdad, o sus verdades.
Entonces, este problema de la verdad es tan interesante y complejo como lugar donde coinciden el conocer y el creer, lo científico y lo no-científico, el valor y el no-valor, que nos atreveríamos a decir que todas las nociones de verdad, excepto la cuarta de Martínez Rider y Rendón Rojas, son aproximaciones válidas a una noción compleja de verdad en Biblioteconomía. Pero esto, lo revisaremos en otra ocasión.

Bibliografía
Herrera Ibañez, A.; Torres, J.A. (1994). Falacias. México: Torres.
Larabee, R.V. y Scimeca, R. (2008). The philosophical problem of thruth in Librarianship. The library quarterly: information, community, policy, 78(1), p. 43-70.
Martínez Rider, R.M. y Rendón Rojas, M.A. (2004) Algunas propuestas latinoamericanas de objetos de estudio para la investigación bibliotecológica. Revista internamericana de bibliotecología, 27(1), p. 13-44.
Princetos University. (2011). Notes on thruth and librarianship. Academic librarian. Localizado: 18 abr. 2017. En: https://blogs.princeton.edu/librarian/2011/01/notes_on_truth_and_librarianship/
Santos, B. de S. (2007). Para além do pensamento abissal. Novos estudos, (79), p. 71-94.

jueves, 2 de marzo de 2017

65. ÉTICA BIBLIOTECARIA (1)

No es sencillo tratar sobre asuntos éticos en materia de información, de su circulación, de los repositorios de la información, y de su valoración, selección, adquisición, identificación y registro, organización, disponibilidad, difusión y accesibilidad. Más bien, es difícil abordar cada uno de estos temas desde la ética, lo cual pudiera deberse al relativismo cultural, y en particular a los estados de ignorancia e ingenuidad que existen en cada formación cultural, así como por los individuos y grupos que viven esa cultura.
Al respecto, un caso podría servirnos para entender cómo funciona la ética, por lo que partimos de una pregunta que aplicaremos a México y los mexicanos con sus culturas profunda e imaginada, para indagar hasta dónde nos lleva el intento de responderla.
La pregunta es:

¿Es ético instalar o mantener una biblioteca para que se use poco o no se use?

Esta pregunta se justifica en México por varias razones:
  • La agresiva campaña mercadológica que han realizado el gobierno y los empresarios del país por varios años contra las bibliotecas y los libros, enfatizando que serán sustituidos por la Internet, la digitalización y los objetos digitales. Paradójicamente, hace unos años se ha implantado una campaña nacional de fomento de la lectura para estimular el consumo de libros.
  • El descenso en la asistencia de usuarios a las bibliotecas en general y, en particular, el grave caso de abandono de las bibliotecas públicas junto con la simulación estadística para sostener que no ocurre esta situación.
  • La falta de mantenimiento y de recursos para el desarrollo de gran cantidad de bibliotecas a lo largo de la nación, con el pretexto de la optimización de su gestión, y prefiriendo los dueños el trato directo con las empresas que ofertan productos y servicios de información.
  • La formación de bibliotecarios cada vez menos técnicos, y más académicos y desconocedores de sus colecciones, por estar atentos a las novedades del mercado (planned obsolescence), además de que carecen de habilidades para resolver problemas de las bibliotecas y para asegurar su sostenibilidad y desarrollo.

Al respecto, es preciso señalar que en México se crean bibliotecas como resultado de tres acciones diferentes:
  • Por motivos personales.
  • Por necesidades de un grupo, que generalmente está integrado por profesionales y/o académicos de una misma disciplina o similares.
  • Por decisión de una organización pública o privada, que puede ser una figura escolar, cultural, laboral o de otro sector y nivel.

Cada una de estas acciones considera que la biblioteca es posesión del individuo, el grupo o la organización, y que debe servir a sus propios fines, esto es, como un medio para lograr unos objetivos determinados.
Con el transcurrir del tiempo, los individuos, los grupos y las organizaciones pueden cambiar, con lo que también pueden cambiar los objetivos que se proponen. En consecuencia, las bibliotecas que han creado deben cambiar para continuar sirviendo al propósito de lograr esos nuevos objetivos. De no conseguirse este cambio en las bibliotecas, pueden ser abandonadas, transferidas o destruidas por sus dueños.
En referencia a la transferencia de las bibliotecas, es importantes señalar que en algunos casos se identifican valores en los componentes de esas bibliotecas que las hacen interesantes para alguien que no es su dueño. Esos valores pueden ser históricos, artísticos, religiosos, culturales, materiales, o de otro tipo. Pero este es un tema aparte que podríamos comentar en otro momento.
Ahora bien, la respuesta a la pregunta planteada requiere que aclaremos algunos conceptos, tales como:
  1. ¿Qué es "instalar una biblioteca"?
  2. ¿Qué es mantener una biblioteca?
  3. ¿Qué significa "que se use poco"?
  4. ¿Qué significa que "no se use"?
  5. ¿Qué relación existe entre las respuestas a las preguntas 1 y 2, y las respuestas a las preguntas 3 y 4?

Sobre la primera pregunta, instalar una biblioteca consiste en un conjunto de tareas para dotarla de condiciones materiales, administrativas y financieras que sirvan para tener disponibles los recursos de información, y para poder operar los servicios que brinden el acceso a esos recursos.
Mantener la biblioteca es brindarle insumos para su operación, así como tener previstas acciones de preservación y conservación con enfoques preventivo y correctivo para sus componentes.

Que se use poco una biblioteca consiste en que el promedio de la cantidad de usuarios que asistan durante un período en que este disponible sea menor a su aforo. Por supuesto, esto puede aplicar a las bibliotecas de grupos y organizaciones, pero no a las de particulares.
Que no se use una biblioteca consiste en que no tenga usuarios por un período determinado. Esto puede aplicar a todas las bibliotecas.
Resulta que si la biblioteca se instala puede atraer usuarios por un tiempo, pero si no se le da mantenimiento entonces puede decaer la asistencia y, consecuentemente el uso, lo cual puede ocurrir en cualquiera de las bibliotecas; sin embargo, en las bibliotecas de grupos y organizaciones la situación puede ser diferente si existen bibliotecarios que conozcan sus colecciones y que puedan utilizarlas en beneficio de sus usuarios.
Entonces, si la biblioteca se usa poco o no se usa, es posible que existan condiciones anómalas en su mantenimiento, más que en su instalación, que pueden ser la razón de ese poco o nulo uso. En este sentido, lo realmente ético sería investigar la situación de su instalación y mantenimiento antes de tomar una decisión sobre abandonarla, transferirla o destruirla. Asimismo, es muy importante determinar si la biblioteca puede enmendar el camino y hacer los cambios que la instalen nuevamente como un bien útil para su dueño.
En caso de no ser posible que se reinstale como un bien útil, siempre debe preferirse su transferencia antes que su abandono o destrucción, aunque la biblioteca no tenga interés alguno para alguien distinto a su dueño. Para ello, sería necesario establecer depósitos que recuperen las bibliotecas potencialmente transferibles, además de considerar a mayor profundidad esta cuestión ética. Por este motivo, seguiremos considerando este asunto ahora que iniciamos las reflexiones en materia ética.