sábado, 19 de marzo de 2011

26. SOBRE LOS EQUILIBRIOS DEL SISTEMA BIBLIOTECARIO

Desde siempre, el trabajo bibliotecario se ha venido realizando en el sistema llamado "biblioteca". La primera evidencia de que la biblioteca es un sistema es por el juego de equilibrios que se deben mantener para hacer posible su funcionamiento. De este modo, desde que nos responsabilizamos de alguna tarea bibliotecaria encontramos que nuestro rol de intermediarios tiene que ver con el mantenimiento de los equilibrios.
Es de esta forma que en el desarrollo de colecciones se busca equilibrar la calidad con la demanda, y el presupuesto con la demanda, entre otros.
En la administración, se busca el balance entre la misión institucional y las necesidades de los usuarios, o entre la productividad y la calidad.
En la catalogación, se busca alcanzar la objetividad en la representación para atender la subjetividad de los usuarios.
Así, tenemos que toda la biblioteca es un organismo compuesto por elementos que se oponen y se tienen que equilibrar. Los elementos no sólo se relacionan en parejas, pues uno mismo puede tener vínculos con varios otros, como por ejemplo el presupuesto, que impacta casi todos los otros elementos del sistema.
Piénsese por un momento como impacta la catalogación el servicio de préstamo, o como la automatización ha venido a alterar la catalogación, etc.
Con este planteamiento, nos podemos preguntar si existen equilibrios ideales, así como si estos equilibrios sólo son internos, o si también debe la biblioteca estar equilibrada con los factores exteriores que le impactan. Nos podemos anticipar respondiendo la última cuestión, indicando que por supuesto las condiciones exteriores pueden motivar cambios en los equilibrios internos. Sin embargo, los factores externos son ajenos a la biblioteca, o sea, ella no los puede controlar.
Es preciso notar el peso de la organización y el control en el mantenimiento de los equilibrios, pues la primera puede establecer y asegurar un estado equilibrado, en tanto que el segundo permite regularse y adaptarse ante los cambios. Tenemos entonces que la biblioteca puede controlar los elementos internos, pero no los factores externos. No obstante, si puede organizarse para buscar conocer sobre las conductas de los factores externos que mayormente le impactan en forma de crisis, alzas de precios, preferencias de los usuarios, etc.
Como puede apreciarse, el mantenimiento de los equilibrios requiere que conozcamos bien nuestra biblioteca y que estemos organizados para conocer y atender los factores externos que nos impactan. Sin embargo, en estos tiempos de gobalización, cambios y aparente desinterés en crecendo sobre lo que hacen las bibliotecas, se ha vuelto algo complejo el problema de mantener los equilibrios, por lo que es un asunto de gran interés que deberemos seguir abordando.

lunes, 27 de diciembre de 2010

25. LA BIBLIOTECA POSIBLE

Luego de las reflexiones que emprendimos para definir conceptualmente la biblioteca (entrada 6), su misión (entrada 21) y su condición de legítima (entrada 24), encontramos varios problemas que quedaron planteados, aunque aún falta redondear la problematización que manifiesta esta institución polimorfa. Por esta razón, ahora vamos a revisar tres valores que se han considerado clave para la comprensión de la biblioteca: Su completitud, su ordenación y su servicio. Enseguida, hago los planteamientos iniciales sobre estos valores como posibilidades de la biblioteca.
1) La biblioteca completa. El Diccionario de la RAE dice que la condición de completo aplica a lo lleno, lo acabado o lo perfecto. En la biblioteca, se ha entendido generalmente que el carácter de completo tiene que ver con una totalidad característica de la colección, o sea, significa tener todo sobre un autor, sobre las ediciones de una obra o sobre una materia, a lo cual se dedica el proceso llamado “desarrollo de colecciones”. Lo completo como totalidad se acerca en cierta medida a los sentidos de “lleno”, “acabado” o “perfecto”. Lo contrario a la condición de completo sería lo deficiente o lo poco que se tuviera en la colección.
El ideal de una biblioteca completa se planteó en el pasado con las pretensiones de la Biblioteca de Alejandría, en varias bibliotecas monásticas y reales, en el proyecto del Mundaneum de Otlet, como parte central de los proyectos de disponibilidad universal de las publicaciones y más recientemente con la Internet y el proyecto de Google para digitalizar todos los documentos del orbe.
Encontramos un modelo de esta condición de completitud en el relato intitulado Biblioteca de Babel, escrito por Jorge Luis Borges, en donde se juega con la idea del infinito espacial del edificio y el infinito temporal del coleccionismo y los contenidos, con los cambios idiomáticos y sus interpretaciones, así como las formas de vida que habría dentro de una biblioteca completa.
2. La biblioteca ordenada. La condición de ordenado se refiere a tener o guardar un orden. El Diccionario de la RAE indica que el orden se refiere a la “colocación de las cosas en el lugar que les corresponde”, también al “concierto, [o la] buena disposición de las cosas entre sí”. Lo contrario a la condición de ordenado es la descolocación y el caos. En la biblioteca, el orden se relaciona con la organización administrativa y con la colocación de los recursos, que tiene como condición previa la identificación de los objetos llamados “documentos”.
La identificación de los documentos se hace por dos formas de juicio que se realizan a través de su descripción fáctica y su descripción interpretativa. La descripción fáctica encuentra enunciados algunos elementos en el documento al que se aplica, como el autor o el título en una portada de un libro. La descripción interpretativa enuncia los elementos que no son evidentes en el objeto al que se aplica, para lo cual puede recurrir a procedimientos de reconocimiento (número total de páginas, presencia de ilustraciones, presencia de color, etc.), a procedimientos de validación (control de autoridades de nombres), a escalas (dimensiones, tamaño de un archivo electrónico, escala de un mapa, etc.), o a la respuesta a preguntas abiertas del tipo “¿qué ves y/o escuchas?” o “¿de qué se trata?”.
Llamamos a estas dos formas de descripción con el nombre genérico “catalogación” y más específicamente pretendemos distinguirlas con los nombres “catalogación descriptiva” y “catalogación temática”, aunque obviamente estas designaciones son incorrectas en sus alcances.
Una vez identificados los documentos, se les ubica dentro de un sistema que los estandariza y les asigna un código que corresponde a la colocación dentro de un todo (la colección). A este sistema se le llama “clasificación”. Para que una biblioteca esté ordenada, al menos la catalogación y la clasificación deben llevarse a cabo de forma normalizada, o sea, tratando de reducir a cero la variación en las decisiones que se toman en la descripción o en la aplicación de la norma para la colocación. Esto depende de la existencia de normas coherentes, de la capacitación de aquellos involucrados en su aplicación, del control de calidad de los procesos y del aseguramiento del producto final.
3) La biblioteca servidora del usuario. Sobre la palabra “servir”, el Diccionario de la RAE indica en su segunda acepción que es “estar sujeto a alguien por cualquier motivo haciendo lo que él quiere o dispone”. En su sexta acepción es “aprovechar, valer, ser de utilidad”. Cuando en las bibliotecas se hace referencia a servir al usuario, generalmente se trata de un acto de voluntad, una vocación, de algo que se pretende consustancial a la institución; de esta manera, se dice que la biblioteca existe para servir. Luego de esta enunciación, se listan los servicios que las bibliotecas proporcionan a sus usuarios. Lo contrario a la condición de servir es el dominio y el abandono.
A primeras luces, notamos que la biblioteca debe estar completa y ordenada como condición suficiente para que pueda servir al usuario. Sin embargo, la evidencia práctica nos indica que ninguna biblioteca está completa y que su ordenación depende de muchos factores, como las características de sus recursos humanos y su gestión interna y externa; algunos de estos factores son críticos para permitir su desarrollo, por ejemplo, el presupuesto y las políticas de la organización de la que es parte.
Tenemos entonces una biblioteca que no está completa y con una ordenación condicionada, pero que enuncia que su vocación es la de servir al usuario, a pesar de sus carencias, limitaciones y deficiencias. La única posibilidad de coherencia de esta enunciación es si pensamos que sirve para establecer una relación política, que por ende puede no corresponder a alguna realidad y no servir como vía para legitimar o conocer sobre la legitimidad de la biblioteca.
Esta enunciación política no tiene la intención de ser escuchada por los usuarios, pues ellos podrían objetar su validez. Más bien, se utiliza para quienes se localizan en un nivel de decisión sobre la biblioteca. Sin embargo, esta biblioteca puede recurrir a la promesa y la esperanza con sus usuarios, aunque para ello debe deshacerse de varios conceptos ramplones, como el de “satisfacción del usuario”, que corresponde a un indicador del conformismo de los usuarios con lo que les ofrece la biblioteca.
Nos adentramos entonces al plano de las interacciones de la biblioteca con el mundo, que es muy complejo y en el que circulan varias mistificaciones a través de los modelos utilizados hasta ahora, que sólo socavan el concepto de biblioteca y alientan las confusiones que pretenden que la Internet va a sustituirla. Debido a este carácter complejo de este problema, tendremos que seguir abordándolo más adelante.

Bibliografía
Real Academia Española. (2001). Diccionario de la lengua española. 22a ed. Madrid: RAE. Recuperado: 25 dic. 2010. En: http://www.rae.es.

lunes, 27 de septiembre de 2010

24. LEGITIMIDAD DE LA BIBLIOTECA

Me encuentro en Mérida y hoy empecé a impartir uno de los módulos del Diplomado de Formación de Traductores Tecnológicos, que está dirigido a mayas. Me ha tocado tratar sobre la producción social de las tecnologías. Nuestros traductores deben ejercer su acción desde la biblioteca pública, por lo que un par de condiciones que estoy tomando en cuenta para que las tecnologías puedan ser socialmente significativas es la legitimidad de la biblioteca pública y la de las propias tecnologías.
Las bibliotecas son lugares que casi siempre están asociados a valores positivos (Santos Corral, 2009, p. 44). Sirven a las personas para proporcionar información y documentos para la educación, la toma de decisiones y para realizar ciertas acciones. Sin embargo, la misma autora reconoce que para que su cometido sea efectivo se tienen que considerar las estructuras de significación que se deben tejer alrededor del uso de las herramientas de comunicación, así como la capacidad de apropiación de los individuos. En este sentido, se requiere tener en cuenta factores como los escasos hábitos de lectura, la capacidad y habilidad tecnológica, la relación de los documentos y los equipos con la vida cotidiana de los habitantes de las comunidades, o la valoración que se establece entre aquéllos y éstas (Ibid., p. 46).
La Red Nacional de Bibliotecas Públicas cumplió hace unos días 27 años de haber sido concebida. Actualmente tiene más de siete mil repositorios de documentos de acceso público y gratuito en más del 90% de todos los municipios del país. Sin embargo, la situación no es halagüeña, pues cuando nos acercamos a ver el estado de cada biblioteca, encontramos que muchas se encuentran en edificios viejos, con colecciones pobres o desactualizadas, con medios de búsqueda manuales, instalaciones carentes de mantenimiento, sin alguno o todos los servicios (luz, agua, teléfono, Internet), a menudo con un bibliotecario que sirve de muy poca ayuda, si es que encontramos al bibliotecario, y con una asistencia diaria promedio de entre tres y cinco usuarios.
Con las proporciones guardadas, algo parecido ocurre con las bibliotecas escolares y universitarias del sector público, mismas que viven dependiendo del acceso a los recursos del gobierno federal ya que sin estos ingresos poca cosa podrían hacer, dado que generalmente sus instituciones de adscripción o los gobiernos de sus estados o municipios no muestran aprecio por ellas. Otra situación se vive con este tipo de bibliotecas en el sector privado, pues ahí se les maneja como un servicio más que se contabiliza en las cuotas periódicas que deben pagar sus clientes, por lo que muchas veces las olvidan cuando termina el período del contrato.
Muchas bibliotecas especializadas y todas las nacionales de México dependen también de recursos gubernamentales federales, lo cual no viene más que a contribuir a esta situación rara que vivimos en el campo bibliotecario nacional, que redunda en formas de organización jerárquicas y dependientes de actitudes paternalistas que descienden de la cúspide, además de casi paralizar toda acción particular en materia bibliotecaria. Es importante aclarar que los bibliotecarios profesionales de este país están muy acomodados a la situación imperante, lo cual lleva a que generalmente carezcan de los conocimientos, las habilidades y las actitudes para conducirse de otro modo, además de que no tienen ningún motivo para cambiar este estado de las cosas.
Las bibliotecas mexicanas parecen instituciones completamente ajenas a las comunidades donde se encuentran, salvo algunos pocos casos que he conocido en donde la población en ocasiones realmente manifiesta un aprecio por la biblioteca. Lo anterior me ha llevado a dudar mucho sobre la necesidad de que haya una biblioteca en aquellas comunidades que la tienen como ajena, aún más luego de saber sobre la forma como se dan las cosas en algunos países, donde se han creado o se mantienen bibliotecas por la voluntad de las personas. Como indiqué antes, la razón de esta inquietud es porque en México las bibliotecas sólo pueden existir por la voluntad de los gobiernos, ya que 99.99% de las que tenemos dependen económicamente del sector educativo o del subsector cultura, y sin estos recursos difícilmente podríamos pensar en su existencia.
Antes creía que el relativo interés de las personas por la biblioteca en México debía ser porque la sentían como una institución impuesta, en la medida en que su creación y establecimiento resultaban de una acción gubernamental que se ejercía sin consultarles. Sin embargo, ahora me parece que la cuestión tiene que ver más con un problema de buenas intenciones que llevan a crear bibliotecas, pero que no llegan a concretarse en acciones para legitimarlas en la sociedad.
Lo legítimo es aquello conforme a las leyes, justo o lícito, cierto, genuino y verdadero en cualquier línea (RAE, 2001). En este sentido, algo es legítimo cuando:
1. Sus cualidades y condiciones generan su ser y parecer.
2. Su ser/parecer y permanecer es constante e invariable en la mente de las personas.
3. Su existencia, y aquello para lo que existe están permitidos y tienen una razón.
Resulta así que para referirnos a la legitimidad de la biblioteca debemos considerar lo que las personas piensan de ella (su ser y parecer; su permisividad y su razón de ser), preferentemente aquéllas que no la utilizan o las que estén definidas como no-usuarias.
Podríamos asumir entonces que aquello que piensan las personas de las bibliotecas tiene que ver con la difusión que se haga sobre su existencia, sus recursos y sus servicios. Asimismo, si dejamos de lado las cualidades y condiciones de la institución para centrarnos en su razón de existir, tendremos que las bibliotecas están para ser usadas cuando se busca información y documentos. De esta manera, cuando tratamos sobre la legitimidad de la biblioteca nos podemos referir a factores que garantizan su presencia ante las personas y a los usos que las mismas realizan con ella.
Tener presente la biblioteca es al menos saber dónde se localiza, en qué horario presta sus servicios y tener una opinión o recomendación sobre ella. En caso de que no haya este conocimiento mínimo en la población, estamos ante un problema de la biblioteca (falta de permanencia en la mente de las personas), que en parte podría resolverse con promoción o difusión entre los miembros de la comunidad. También existe la presencia diferenciada de la biblioteca para las distintas clases sociales, que en un mundo tan diverso como el nuestro cobra un especial sentido y es de gran importancia tomarlo en cuenta.
Los usos de la biblioteca también conforman la legitimidad, pues si nadie usa la biblioteca resulta claro que no está legitimada en la comunidad potencial para la que fue definida. En algunas bibliotecas, una afluencia raquítica de asistentes tampoco se considerará legítima. En este sentido, el uso de la biblioteca parece convertirse en una cuestión de números, por lo que bien podríamos hablar de un punto de legitimidad, a partir del cual la biblioteca ya pueda ser considerada legítima porque brinde servicios y recursos a una cantidad de usuarios.
A este respecto, son varios los componentes de la biblioteca a considerar para que los usuarios se hagan frecuentes: La calidad y la diversidad/especificidad del acervo, la diversidad y calidad de los servicios, el horario adecuado y, a veces, flexible, el ambiente que traduce el espacio físico/virtual y, sobre todo, el trato de los bibliotecarios.
Si nos trasladamos a las bibliotecas universitarias, notaremos que hoy para muchos les resulta impensable el acceso al catálogo por vía manual, más si estamos en una organización privada. Sin embargo, no es mal visto que las bibliotecas públicas sigan con catálogos manuales. En el primer caso, la biblioteca universitaria privada perdería legitimidad ante las personas si regresara al uso de un catálogo manual, mientas que en el caso de la biblioteca pública su presencia se trataría como un mal menor o una necesidad. De esta manera, tenemos que las comunidades son las que legitiman la institución bibliotecaria, sus recursos y sus servicios, al tenerla presente o al usarla.
Continuando con las bibliotecas universitarias, notemos que en el año 2006 se realizó una encuesta a usuarios y usuarios potenciales de la Biblioteca Central de la UNAM para conocer sobre el uso de los recursos electrónicos de información por parte de los estudiantes y los profesores (González Marín et al., 2009). Los resultados arrojaron lo siguiente:
a) 69% de los alumnos conocen los recursos electrónicos generados por la propia institución, aunque sólo 54% los usan. De ese 15% que conocen pero no usan los recursos, se encontró que 28% dijeron que no les interesan, 23% que no saben usarlos y 18% que no les sirven.
b) En el caso de los recursos electrónicos suscritos por la UNAM, 12% de los alumnos manifestaron conocerlos pero no usarlos. De entre ellos, 32% dijeron que no les interesan, 25% que no sabe usarlos, 10% que no les sirven y 9% que su uso es complicado.
c) Cinco por ciento de los profesores conocen pero no utilizan los recursos electrónicos generados por la UNAM; de entre ellos, 48% dice que no les sirven, 23% no sabe usarlos y a 17% no les interesan.
d) Ocho por ciento de los profesores conoce pero no usa los recursos electrónicos suscritos por la misma institución, y de entre ellos 48% dicen que no les sirve, 29% que no les interesan y 13% no sabe usarlos.
Es así que entre el 69% y el 76% de los alumnos conocedores de los recursos manifestaron algún problema de legitimidad de los mismos; en tanto, cerca de 90% de los profesores que conocían pero no usaban los recursos se expresaron igual. Las formas de deslegitimación de estos recursos fueron por falta de una razón de ser ("no me interesa" o "no me sirve") o por falta de habilidad para el uso ("no sé usarlo" o "es de uso complicado").
En un estudio que se hizo en México para evaluar el impacto en la sociedad del Programa de Acceso a Servicios Digitales en Bibliotecas Públicas (PASDBP), se encontró (Santos Corral et al., 2006, p. 59) lo siguiente:
1. Que los bibliotecarios hacen promoción en las escuelas, aunque las personas más bien se enteran de lo que pasa en la bibliotecas cuando la visitan (entre 57.3%-70%) o por amigos, vecinos o familia (entre 23.75%-13.9%, en este orden por decrecimiento).
2. Que a pesar de las recomendaciones internacionales, las principales barreras para el acceso a los equipos de cómputo y a la Internet en la biblioteca son el cobro de los servicios y la exigencia de una identificación (Santos Corral et al., 2006, p. 60). Además, se siguen encontrando bibliotecas con letreros que condicionan el uso de los equipos a que los usuarios lean primero el material impreso.
3. Que influyen mucho en la legitimidad otros problemas, como el ausentismo de los bibliotecarios que ocasiona horarios de atención irregulares, así como los problemas interpersonales y los conflictos políticos locales (Santos Corral et al., 2006, p. 61).
A esto agregan los autores que “en lugares donde la operación de las bibliotecas no está plenamente institucionalizada ni legitimada, estos factores han provocado que los usuarios no asistan a estos lugares, ni aún con la llegada de las computadoras”.
Santos Corral (2009, pp. 48-50) propone los siguientes indicadores de legitimación de la biblioteca pública:
A. Función social: Tiene espacios e instrumentos, y se construye fundamentalmente a partir de lo que los usuarios pueden hacer en la biblioteca y con los recursos. Por ejemplo, algunas funciones de la biblioteca pública son proporcionar información, servir para hacer tareas, ser guardería, servir para brindar información, o ser refugio.
B. Recursos requeridos para la apropiación de la biblioteca: Son las herramientas tecnológicas, las capacidades y las habilidades de lectura, así como la capacidad de hacer búsqueda.
C. Expectativas que genera la biblioteca y sus recursos: Estas expectativas se ubican en los usuarios y en los no-usuarios, tales como los actores de apoyo local, las autoridades y los grupos que se oponen al uso de algunos recursos, como las computadoras.
D. Principales usos de la población local: Se debe considerar si la biblioteca impone un uso, si se detectan heterogeneidades en el uso prescrito, o si la biblioteca no supera una posición marginal o de estancamiento con la llegada de nuevos recursos, particularmente los tecnológicos.
E. Oferta cultural-recreativa del entorno donde se ubica la biblioteca: Se consideran, por ejemplo, las escuelas, los cines, los espacios de entretenimiento y recreación, así como las actividades culturales.
F. Formas de consumo y socialización de la biblioteca: Por ejemplo, vista como centro de información, como espacio de encuentro y socialización, como lugar para realizar búsquedas más actualizadas y pertinentes, como sitio para usos escolares, o como lugar donde se encuentran la cultura libresca y la cultura informática.
De esta manera, la legitimidad es algo que debería interesarnos a todos los bibliotecarios, así como a todos los que trabajamos en el campo de la información. No obstante, el problema de la legitimidad de las bibliotecas es complejo, por la diversidad de actores, situaciones e intereses involucrados. Podemos notar con facilidad que varios de los planteamientos que hacen los bibliotecarios progresistas de México y otros países tienen que ver con este asunto. Sin duda, este es un problema muy atractivo, como para invitarnos a seguirlo tratando en otra ocasión.

Bibliografía
González Marín, S. et al. (2009). Recursos electrónicos de información en la UNAM: Diagnóstico de uso entre estudiantes y profesores. México: UNAM, DGB.
Real Academia Española. (2001). Diccionario de la lengua española. 22a ed. Madrid: RAE. Recuperado: 20 sept. 2010. En: http://www.rae.es.
Santos Corral, M.J. (2009). Legitimando las TIC y las bibliotecas públicas. En: Santos Corral, M.J. y Gortari Rabiela, R. de. (Coord.). (2009). Computadoras e Internet en la biblioteca pública mexicana: Redefinición del espacio cultural. México: UNAM, IIS; Prentice Hall.
Santos Corral, M.J. et al. (2006). Acceso tecnológico: Una Reinterpretación de la biblioteca pública mexicana. México: Conaculta, DGB.

jueves, 16 de septiembre de 2010

23. COMUNICACIÓN Y HEURÍSTICA DE LOS BIBLIOTECARIOS

Hace algún tiempo, un alumno de bibliotecología me decía que tenía problemas para iniciar su tesis, pues todos los temas de investigación se habían agotado. Me causó gran sorpresa escucharlo y de inmediato le enumeré algunos problemas de nuestro quehacer, mismos que podría tratar en su trabajo recepcional. El alumno quedó muy sorprendido y dijo que lo iba a consultar con un maestro, pues no estaba muy seguro de que los temas que yo le proponía fueran propiamente bibliotecológicos.
Esta situación de definir lo propio y distinguirlo de lo ajeno es un asunto que impregna de varias maneras el universo bibliotecario, aunque mayormente sólo establece barreras que dificultan la comunicación que deberíamos tener con el resto de las profesiones y disciplinas. Otro asunto resulta de que esta situación también sirve para acotar los intereses de los bibliotecarios.
Lo anterior no obsta para que haya colegas que incursionan en otros ámbitos buscando dar salida a sus inquietudes. Así, los hay que son ávidos lectores de tratados pedagógicos, sobre sistemas computacionales y de redes, de antropología, sociología o derecho, de diseño de interiores, de diseño gráfico, y de otras varias islas de conocimientos. También hay bibliotecarios que acuden a conferencias, cursos, talleres y seminarios de otras disciplinas.
Hace no mucho, encontré un ejemplar pasado de la revista Entrepreneur que estuvo dedicado a exponer las 100 ideas para emprender, a manera de una guía para hacer negocios innovadores. De entre la lista que exponen encontré los siguientes que me parece pueden ser fuente de ideas para los bibliotecarios:
1. Ludoteca. A continuación incluyo el texto que aparece en la revista.

Este me ha parecido muy interesante porque en todo tipo de bibliotecas se puede y debe considerar el juego como una fuente de liberación de estrés, como un medio para fomentar la creatividad y como una forma de cambiar la imagen que los bibliotecarios tienen de estos recintos, y ni que decir de la imagen que puedan tener los usuarios. Existen ejemplos del uso de juegos en bibliotecas universitarias, públicas y escolares, aunque se les puede tener en cualquiera. El sitio web que se indica ya cambió, pues ahora es http://www.lajirafacongafas.mex.tl.
2. Club de tareas. El texto de Entrepreneur es el siguiente:Aquí mencionan la presencia de psicólogos y pedagogos, a los cuales bien se podría invitar a trabajar estos temas en las bibliotecas escolares y públicas. Algo realmente nuevo sería que esto pueda hacerse en bibliotecas universitarias. El sitio web es el mismo.
3. Centro móvil de videojuegos y Bar de videojuegos. A continuación los textos.Cada vez hay más comentarios sobre el valor del videojuego como fuente de conocimiento. Yo tuve la oportunidad de conocer a bibliotecarias lituanas que hicieron un acuerdo con el Ministerio de Educación de su país para hacer actividades educativas con estos recursos en sus bibliotecas. En el primer caso que aquí se muestra, se trata de una unidad móvil, lo cual podría funcionar para bibliotecas escolares, públicas y universitarias. La otra idea fue de alguna manera expuesta hace algunos años por el escritor yucateco Óscar Sauri Bazán, aunque él más bien pensaba hacer un bar de animación a la lectura. El sitio del centro móvil está en inglés y el del bar acaba de clausurarse, aunque las ideas siguen en pie.
4. The Espresso Book Machine y Librerías itinerantes para la playa. Estas dos ideas vienen enseguida.The Espresso Book Machine es un artefacto reproductor de libros, que puede atender las necesidades de los usuarios que deseen comprar el libro en vez de pedirlo prestado si está disponible. El sitio web sigue habilitado y vigente.
El caso de las librerías itinerantes es un proyecto de Editorial Preguntario, una empresa colombiana que, como puede notarse en su blog, es muy activa en materia de actividades culturales. Puede verse en el sitio una fotografía con la cortina de libros que hicieron para exhibirlos en la playa.
5. Tienda de manga. El texto de Entrepreneur viene a continuación:

Algunas bibliotecas públicas han resguardado colecciones de cómics e historietas, pues notan que existe una demanda de los usuarios. Hace algunos años tuve la oportunidad de ver una de esas colecciones en la Biblioteca Pública Central de Aguascalientes, aunque entiendo que ya no existe. El primer sitio web que se indica no sigue, pero puede encontrarse información en el foro Otaku Kurotsuki de Querétaro (http://clubkurotsuki.foroactivo.com.es/forum.htm). Los otros dos sitios siguen activos.
6. Servicio de citas por Internet. A continuación el texto.

Las bibliotecas públicas y universitarias son lugares de encuentro, por lo que bien se podría explotar este potencial con una idea que introduzca modificaciones, quizá no sólo centrada en el encuentro amoroso sino en el intelectual. Aquí se requiere hacer benchmarking para sacar más jugo a esta idea en beneficio de las bibliotecas. Los tres sitios de Internet están activos, y sus diseños pueden ser copiados en nuestras bibliotecas para clubes de lectura, de ciencias, de conversación, etc.
7. Asesor de compras e imagen personal. El texto de Entrepreneur es el siguiente:Hace años, Óscar Saavedra dijo en el Encuentro de Bibliotecarios de la Península de Yucatán que en el futuro veríamos el imperio de la información deportiva y de entretenimiento. Por más repulsiva que nos parezca la idea de que nuestro mundo se enfile en este sentido, parece que sí se está incrementando la banalidad en nuestro entorno, por lo que las bibliotecas deben ver esto como un área de oportunidad para atraer usuarios con ideas novedosas. ¿Qué ocurriría si en la biblioteca tuviéramos personas de buen gusto dispuestas a asesorar a otros sobre cómo mejorar su imagen, o sobre qué les conviene comprar, quizá utilizando catálogos o el sitio de la Procuraduría del Consumidor? El siguiente paso podría ser tener asesores que recomienden cuáles lecturas visten mejor a las personas para charlar y dónde pueden adquirirlas.
Con este muestrario vemos que no faltan temas de reflexión, más bien están a la vuelta de la esquina, en cualquier revista comercial o en pláticas que podamos entablar con otras personas, de preferencia que no sean bibliotecarios. Sin embargo, este planteamiento apunta a dos cuestiones problemáticas en bibliotecología: La falta de comunicación hacia afuera de la disciplina y la falta de ideas que surjan de lo que está pasando a nuestro alrededor.
Mientras damos más forma a estas nociones, les recomiendo visitar los blogues de los bibliotecarios que se han volcado al diseño de muebles e interiores para los espacios bibliotecarios. Son los siguientes: Vagabondages (http://www.vagabondages.org), del francés Thomas Chaimbault, y Bibliodesign, de la brasileña Cláudia Tarpani (http://www.bibliodesign.com.br/bibliodesign). También puede verse la propuesta de la empresa mexicana Información Científica Internacional (ICI) con la Reingeniería de Servicios Bibliotecarios (RSB) en su sitio http://www.iciweb.com.mx/Bibliotecas/servicio.htm.
Los problemas indicados de comunicación y heurística, entre otros nombres que les podemos dar, son tan interesantes que debemos seguir tratándolos en otra ocasión.

Bibliografía
100 ideas para emprender (Sept. 2008). Entrepreneur. 16(9)45-109.

lunes, 23 de agosto de 2010

22. SER Y PARECER DEL BIBLIOTECARIO

Hace un mes, fui invitado a dar una conferencia en Guadalajara, que debía tratar sobre la esencia del bibliotecario. El tema fue sugerido porque se habría de celebrar el Día Nacional del Bibliotecario el 20 de julio.
Una parte de mi exposición la dediqué a mencionar cómo nos ven las personas a los bibliotecarios. Para iniciar el tema, recurrí a cuatro imaginarios sociales:
a) El bibliotecario como ratón o cucaracha de la biblioteca.
b) El bibliotecario como alguien cuadrado.
c) El bibliotecario como colocador de libros.
d) El bibliotecario como alguien que lee mucho.
La primera imagen está muy bien expresada por Rimbaud en el poema Los Sentados (1871), y en un soneto de Albertos Tenorio, que se llama El Bibliotecario (1949). Este último describió al bibliotecario como sigue:
Este bibliotecario de la figura enteca,
de ojos adormilados y ridícula facha,
que con lecturas clásicas su cacumen empacha,
solemne y taciturno vive en la biblioteca.
Su faz descolorida parece una hoja seca,
que sólo se enrojece en cuanto se emborracha,
y andando entre los libros como una cucaracha,
se ha quedado ya el pobre con la cabeza hueca.
Marcha por las aceras con andares pausados,
saludando a las gentes con gestos estudiados,
que son un fiel trasunto de su pedantería,
y a veces, ante un grupo sentado en una banca,
en actitud de dómine, de improviso se arranca
con una perorata sobre filosofía.
Cuando he preguntado a las personas sobre lo que significa para ellos que un bibliotecario sea alguien cuadrado, me dicen que se trata de una persona poco flexible, a la que no le es fácil comunicarse, y con quien es difícil ponerse de acuerdo, pues no puede salirse de sus normas y reglas. El mejor ejemplo de esta imagen del bibliotecario es el segmento de película llamado Conan el bibliotecario (1989), donde se muestra la pasión bibliotecaria por la clasificación y el reglamento en detrimento de los usuarios.
Hay varios ejemplos de la imagen del bibliotecario como colocador de libros. Uno de ellos es la película Party girl (1995) que se exhibió en las Jornadas Mexicanas de Biblioteconomía, cuando fueron en Chihuahua (2008). Las personas ven así al bibliotecario y deducen que el trabajo de la biblioteca lo puede hacer cualquiera que conozca la clasificación bibliográfica. Otro ejemplo lo encontramos en el poema El Bibliotecario de la nada de José María de Juan Alonso (2009), que dice en un fragmento:
A los bibliotecarios de la nada
también podéis decirles tal vez cómo es un árbol
pero no les digáis cómo es la dignidad.
La dignidad es este guardar los libros cada día
después de haber luchado hasta la última sangre,
la dignidad es guardar los libros
con el mismo celo de los diamantes de sangre,
los libros donde se guardan las palabras
que se escribieron sólo una vez sobre el viento…
Otra imagen que las personas tienen del bibliotecario es la de alguien que lee mucho. De esta forma, la lectura en abundancia es una de sus principales características, a ojos de muchas personas, de modo que el bibliotecario no parece dedicarse en la biblioteca a otra cosa que a leer. Esta percepción también alude a la facilidad para trabajar en una biblioteca siempre que se domine la lectura. Un ejemplo lo tenemos en Jorge de Burgos, el bibliotecario de la abadía benedictina en la que transcurre la trama de la novela El Nombre de la rosa, de Umberto Eco (1982). En contraparte, un sarcasmo del bibliotecario no lector viene citado en el ensayo Cómo hablar de los libros que no se han leído, de Bayard (2008).
La idea de un bibliotecario lector, y posiblemente erudito, fue señalada por Shera (1990) como opuesta a la idea del bibliotecario dedicado al servicio. De esta manera, este autor enfatizó que en el equilibrio entre el saber y el servicio dominaba el primero en el pasado, por lo que una función principal del bibliotecario era la de ser guía de lecturas. Sin embargo, propuso que debía hacerse un viraje para que el bibliotecario fuera “un mediador entre el hombre y los registros gráficos que han producido la suya y previas generaciones y que el objetivo del bibliotecario es maximizar la utilidad social de los registros gráficos” (Shera, 1990, p. 202).
La frontera entre el servicio y el saber se manifiesta en el uso, pues éste, “en el sentido de que algo de lo que un lector ha leído ha tenido impacto sobre la sociedad, y es por tanto un asunto de interés para la sociedad, ocurre más allá del punto en el que el bibliotecario pone el libro, registro gráfico o información, en las manos del lector” (Shera, 1990, p. 203). De esta manera, Shera propuso que el bibliotecario debía desligarse del uso, aunque es de notar que conceptuó mal el propio uso, pues incluyó en la misma noción la lectura que hace el lector y el impacto social, como una relación causal necesaria. Esta reducción simplista además generó una paradoja, pues en la manipulación de los registros gráficos o documentos es imposible sustraerse de cierto conocimiento sobre los contenidos, mismo que también puede ser condición para poder realizar los procesos y los servicios de la biblioteca.
Esta paradoja de Shera fue tomada como una fuente de los dilemas de Neill (1992), quien encontró paradójico que varios científicos de la información no vieran como parte de su responsabilidad el uso de la información, por lo que planteó desde distintos ángulos los problemas que en consecuencia debería buscar atender la disciplina, a los que llamó “dilemas”.
Hemos visto hasta aquí cómo se manifiestan en las personas algunos imaginarios sobre el bibliotecario, que indican lo que este personaje les parece. También notamos cómo una de esas imágenes está vinculada con la paradoja de Shera y con los dilemas de Neill. Este ser, parecer y deber ser del bibliotecario puede conducir por muchos caminos, pero de cierto falta más información para estar en posibilidad de precisar el problema que estamos identificando, por lo que continuaremos con este asunto en otra ocasión.

Bibliografía
Albertos Tenorio, E. (1949). Cisnes negros. Mérida, Yuc.: Club del Libro.
Bayard, P. (2008). Cómo hablar de los libros que no se han leído. Barcelona: Anagrama.
Conan el bibliotecario (1989). En: UHF. Dir. Jay Levey. Recuperado: 21 ago. 2010. En: http://www.youtube.com/watch?v=-rO6c0Yvq3c&NR=1.
Eco, U. (1982). El Nombre de la rosa. Barcelona: Lumen.
Juan Alonso, J.M. de (2009). El Bibliotecario de la nada. En Serlik, A. (2001). La Lectora impaciente. Recuperado: 21 ago. 2010. En: http://lectoimpaciente.brinkster.net/db/certamenes2009trapre.htm.
Neill, S.D. (1992). Dilemmas in the study of information: Exploring the boundaries of information science. New York: Greenwood.
Party girl (1995). Dir. Daisy von Scherler Mayer. Recuperado: 21 ago. 2010. En: http://www.imdb.com/title/tt0114095.
Rimbaud y el bibliotecario (2005). Recuperado: 21 ago. 2010. En: Bibliotecosas: Silva bibliotecaria de varia lección. http://bibliotecosas.blogia.com/2005/031901-rimbaud-y-el-bibliotecario.php.
Shera, J.H. (1990). Los Fundamentos de la educación bibliotecológica. México: UNAM, CUIB.

sábado, 7 de agosto de 2010

21. SOBRE LA MISIÓN DE LA BIBLIOTECA

La historia de las bibliotecas presenta estas instituciones como emergiendo porque sí, como hierba en el campo social. No resulta claro el significado de las leyendas “Hospital de las Almas” o “Templo del Saber” que se llevan y traen para pretender fundamentar una existencia y una valoración de la biblioteca en la antigüedad. Tampoco resulta claro qué tipo de repositorios se destruyeron en el Continente Americano luego de la Conquista, o cuál era la naturaleza de las llamadas “bibliotecas” que fueron destruidas en varias dinastías gobernantes en China.
Lo único que resulta evidente es que existe en ciertas culturas, en ciertas personas, la necesidad de coleccionar soportes físicos portadores de información y conocimiento. Esa necesidad que mueve al coleccionismo no parece ser única, sino que se diversifica al verse unida a varios motivos, de entre los cuales tenemos que los principales son el saber, el poder y el hacer, que generalmente se manifiestan en sus combinaciones: Saber-Poder, Saber-Hacer, Poder-Saber, Poder-Hacer, Hacer-Saber y Hacer-Poder.
A manera de ejemplo, tenemos que Gabriel Naudé tuvo una intuición cuando en su Advis apuntó que la biblioteca es una máquina cultural que permite colocar el saber de manera accesible y ordenada con el objetivo de provocar una comprensión política (Coelho, 2000, pp. 82-83). De esta manera, la motivación de la biblioteca es un Saber-Poder; o sea, Naudé comprendió que los individuos debían buscar la adquisición de un cierto grado superior de conocimiento que les permitiera acceder a un nivel de posibilidades nuevo para sus vidas. Así, el conocimiento debería brindar la libertad.
Coelho nos indica que un opuesto a esta noción del francés es si el motivo para que exista la biblioteca es el Poder-Saber, que es cuando nos encontramos con las figuras del director de lecturas o del orientador cultural, pues ellos son quienes buscan imponer los bienes culturales que se desea consumir, y a veces sólo permiten que se consuman esos. De esta manera, ellos son las figuras de autoridad que dictaminan las posibilidades para acceder al conocimiento.
¿Cuáles son los motivos para que exista nuestra biblioteca? ¿Los motivos originales cambian conforme pasa el tiempo? No conozco ninguna biblioteca escolar o universitaria que no esté motivada por el Poder-Saber, a la manera de la explicación de Coelho, pues se autoasumen como instituciones autorizadas para hacer posible el acceso a cierto tipo de conocimiento, lo cual está en correspondencia con la naturaleza de sus organizaciones de adscripción.
En su origen, las bibliotecas públicas estaban motivadas por un Saber-Hacer y, de manera controlada, por un Hacer-Poder, pues fueron concebidas como instituciones para la educación de los trabajadores, que permitirían elevar su nivel educativo, brindándoles herramientas para mejorar sus propias vidas. De esta manera, algunos de los temas favoritos que se difundían desde las bibliotecas públicas eran la higiene y la economía doméstica. Hoy, las bibliotecas públicas muestran tal diversidad que sería pertinente averiguar cuáles son los motivos de su existencia.
Las bibliotecas nacionales se originaron por motivos del tipo Poder-Hacer, pues fueron pensadas para brindar a los individuos los conocimientos posibles para hacer naciones desarrolladas, progresistas y justas. Sin embargo, estos motivos primeros han cambiado en varios países, a veces para mal, como ocurrió en México, donde la biblioteca nacional que se tuvo fue absorbida por la institución de educación superior más importante del país, con lo que cambió su motivo original por el de Poder-Saber y sólo existe para mantener la hegemonía y el control de un grupo de académicos, en la medida en que son capaces de concentrar y controlar parte de la producción bibliográfica y documental del territorio.
Es importante indicar que a los motivos aquí señalados se les agregan fines, que también están vinculados a las necesidades que llevan a crear y mantener bibliotecas. De esta forma, a los anteriores debemos agregar el origen público o privado de la organización o el mecenas que financia esas bibliotecas. Asimismo, tenemos que considerar el enfoque de gestión pública o comercial que persiguen esa organización o ese mecenas.
Éstas y otras condicionantes delimitan y configuran la naturaleza de las bibliotecas, que nunca es igual y siempre está sujeta a cambios. Es así que a partir de estas delimitaciones y configuraciones de cada biblioteca, con sus necesidades, motivos, fines y formas de gestión y financiamiento, tenemos que el ser de cada institución es único. La manifestación del ser de la biblioteca, aquello que hacen y hacia lo que enfilan todos sus afanes, se llama su “misión”.
Podemos encontrar ejemplos de declaraciones de misión como los siguientes:
Caso A: La Misión de la Biblioteca es proveer recursos y servicios de información a profesores y alumnos del Campus… para contribuir a su desarrollo académico y de investigación.
Caso B: Satisfacer los requerimientos de información de la comunidad universitaria, desarrollar competencias para el acceso y uso de información en los miembros que así lo requieran, y mantener espacios físicos y virtuales que creen óptimas condiciones de aprendizaje.
La misión del Caso A expresa una necesidad de aprovisionamiento de cierto tipo de recursos y servicios a cierta población. Su motivo es del tipo Poder-Hacer, pues expresa que el aprovisionamiento va a contribuir al desarrollo de la población. El fin al que se dirige esta biblioteca es la academia y la investigación, aunque sólo a manera de contribución por medio del aprovisionamiento. De esta manera, no resulta claro un fin social, por lo que la biblioteca podría servir a un fin comercial o de otro tipo. Sobre la forma de gestión, se entiende que hay un proceso manifestado de aprovisionamiento-contribución, lo cual apuntaría a una gestión solamente enfocada en el desarrollo de colecciones y en los servicios para poner esas colecciones al alcance de académicos e investigadores (p. ej., préstamo, orientación, repositorio digital). Nada se indica sobre la forma de financiamiento.
La misión del Caso B es distinta, pues expresa tres necesidades:
1) De satisfacer requerimientos de información de la comunidad universitaria.
2) De falta de competencias para el acceso y uso de información en esa comunidad.
3) De mantener espacios físicos y virtuales en ciertas condiciones.
Esta biblioteca está motivada por el Poder-Saber, pues está enfilada hacia la creación de condiciones para el aprendizaje. El fin al que se dirige es la comunidad universitaria, atendiéndola y formando sus competencias. Por este motivo, vemos un fin social en esta misión. Sin embargo, la forma de gestión sólo indica tres áreas de desarrollo desarticuladas: Mantenimiento de espacios físicos y virtuales, atención de requerimientos de información, y desarrollo de competencias de información. Por lo mismo, estas tres áreas no indican un carácter sistémico en la gestión. Tampoco se aclara nada sobre la forma de financiamiento.
Parafraseando un adagio, podríamos decir sobre las bibliotecas que “por sus misiones las conoceréis”, pues como vemos en la declaración de la misión se condensa en buena medida una definición de lo que estas instituciones esperan/desean ser. Pero la cosa no queda sólo en la mera redacción, sino que la misión de la biblioteca debe estar alineada a la misión de la organización a la cual está adscrita, de forma que tenga sentido decir que es parte de ésta.
De especial interés puede resultar confrontar lo que las bibliotecas esperan o desean ser con lo que realmente son o pueden llegar a ser. Sin embargo, aún carecemos de ese conocimiento, que debería basarse en un método de comparación referencial.
Tenemos entonces que la responsabilidad de crear, administrar y desarrollar repositorios de información y conocimiento, llámense “bibliotecas”, va más allá de la selección, adquisición, catalogación, servicio y difusión, pues quizá la distancia que media entre lo que la biblioteca es y lo que espera o desea ser resulta grande o imposible de recorrer.
Los problemas que encontramos con esta reflexión son varios: ¿Qué son las bibliotecas? ¿Qué esperan o desean ser? ¿Cómo expresan su naturaleza en una misión? Este problema fue el mismo que encontramos en una reunión en San Luis Potosí, en el año 2007, cuando preguntamos a los asistentes qué es una biblioteca. Todos querían dar una definición de aceptación general, pero cada uno tenía una noción distinta, lo cual llevó a una situación de desorientación y angustia por sentirse incapaces de definir lo que creían más que conocido. La situación se pudo resolver con una solución fenomenológica: La biblioteca corresponde a una idea genérica, por lo que tiene muchas facetas, de manera que todas las nociones expresadas corresponden a la biblioteca. La idea de biblioteca se volvió una suma de las nociones que tenían los participantes.
Adelanto que este problema lo voy a enmarcar dentro de otro que quiero tratar más adelante, sobre la cultura bibliotecaria, que me parece un problema tan complejo que aún lo sigo degustando. Hasta la próxima.

Bibliografía
Coelho, T. (2000). Diccionario crítico de política cultural: Cultura e imaginario. México: CONACULTA; ITESO; Secretaría de Cultura, Gobierno de Jalisco.

lunes, 2 de agosto de 2010

20. SOBRE LA INFORMACIÓN Y LA SOSTENIBILIDAD

Hace entre 25 y 30 años escuchábamos reiteradamente decir que la información era un recurso inagotable, pues –se manifestaba- cualquiera podía tener y usar la información y no por ello dejaría de estar disponible. Sin embargo, con el advenimiento de la industria de la información, y luego de la economía de la información, se perfilaron maneras para imponer barreras comerciales y legales al libre flujo de la información para lograr la imposición de los costos que debía implicar su generación, empacado, difusión, comercialización y venta.
De esta manera, aunque la información nunca ha estado cien por ciento disponible para todos, además de que muchas veces su control ha servido para dar ventaja a las clases gobernantes, desde el final de la segunda gran guerra del siglo XX ha ido perdiendo paulatinamente el carácter social que algunas veces le quisieron dar los movimientos bibliográficos internacionales y la misma UNESCO, para venir a convertirse en un bien comercial, algo a lo que sólo pueden acceder los que pueden pagar para hacerlo.
De esta manera, los proyectos para crear y fortalecer las bibliotecas prosperaron coincidentemente en las áreas urbanas a partir de esos años y hasta la caída del bloque socialista, empezando después una disminución de la responsabilidad gubernamental y social para su establecimiento y desarrollo. No resulta ocasional lo que mencionó la doctora Estela Morales Campos en una conferencia que comentamos antes (vid. ensayo 18), al indicar que “el Estado debe proveer mínimos de información a la población, a través de las escuelas y las bibliotecas públicas.”
La información sirve para poder vivir una vida segura, sana y productiva en armonía con la naturaleza y los valores culturales y espirituales locales. Nos permite buscar un camino que lleve hacia la igualdad entre individuos y comunidades, naciones y generaciones. También, para buscar una alternativa que permita distribuir la riqueza (en la forma de acceso a recursos y oportunidades) y aumentar la prosperidad de todos. No obstante, esta mención de la utilidad de la información corresponde a la definición de “sostenibilidad” que se utiliza en las ciencias sociales. Entonces, ¿cuál es el vínculo entre la información y la sostenibilidad? ¿La información sirve a la sostenibilidad? O quizá, ¿la sostenibilidad sirve a la información?
Según el diccionario de la Academia, la palabra “sostenibilidad” se refiere a un proceso que puede mantenerse por sí mismo, “como lo hace, p. ej., un desarrollo económico sin ayuda exterior ni merma de los recursos existentes.” Resulta claro de esta definición que la información sirve a la sostenibilidad, en tanto que se usa para asegurar que el proceso pueda mantenerse a sí mismo. Es así que la información sobre el comportamiento del propio proceso es vital para su mantenimiento y desarrollo.
¿La información configura un proceso que puede mantenerse a sí mismo? Al respecto, tenemos que las bibliotecas son instituciones cuya manutención es muy costosa. Además, en México no es común que se le permita a las bibliotecas buscar fuentes de financiamiento para su mantenimiento y desarrollo, aunque los discursos digan lo contrario. Esta situación paradójica resulta de que por una parte se habla de las posibilidades de que las bibliotecas gestionen recursos propios (generados u obtenidos), en tanto que por el otro lado se imponen trabas normativas para poder hacer justo lo que dicen esos discursos. Este absurdo no es extraordinario, sino una muestra de las muchas estupideces que ocurren, en todos los órdenes, alrededor de las bibliotecas en este país.
Entonces, si vemos la biblioteca como proceso de información tenemos que, en razón de que ésta no puede mantenerse (obtener financiamiento para su mantenimiento y desarrollo), resulta que no es sostenible. Desgraciadamente, la paradoja que viven las bibliotecas se vuelca en un absurdo social, en el momento que nos preguntamos cómo se informan las personas.
Ciertamente, están los medios de información y comunicación disponibles como recursos para informar a las personas, pero no debemos olvidar la distinción que hizo Debray entre comunicación y transmisión, pues a las bibliotecas les corresponde, en buena medida la transmisión del conocimiento, en tanto que los medios más bien lo comunican.
Para retomar esta distinción de la que tratamos con anterioridad (p. ej. vid. ensayo 7), viene al caso un estribillo que escuchamos en los años de escuela: “La historia enseña los errores del pasado para no volverlos a repetir en el presente”. Sin embargo, esos errores son susceptibles de perpetuarse cuando falta la transmisión –aunque sea oral- del conocimiento.
En este sentido, la sostenibilidad de la información asoma como un problema de la bibliotecología: ¿Cómo hacer sostenibles las bibliotecas, los sistemas y redes bibliotecarios, para que puedan cumplir su función social?
Este problema no es nuevo, aunque tampoco se ha dicho la última palabra. Además, conforme se desenvuelve en el mundo el tema del acceso a la información, sea como derecho, como libertad o como mero trámite, asoma más un problema que no tiene precedentes en el mundo futuro que se perfila, y que se designa como “Sociedad de la Información”. El problema de la sostenibilidad de las bibliotecas y la información es sólo un segmento de este enorme problema.
Además, debe notarse que la complejidad de estos problemas resulta del cúmulo de procesos socioeconómicos, políticos, técnicos, productivos, institucionales y culturales que están relacionados con la satisfacción de las necesidades de información en un entorno de calidad de vida.
¿Cómo hacer viable la obtención, el mantenimiento, el flujo y los usos de la información requerida por una comunidad? Hay factores económicos y sociales que se deben tomar en cuenta, así como un sistema de información mundial, con su propio comportamiento, que debe ser considerado. ¿Cómo hacer viable la información que necesitan las personas sin comprometer las capacidades de las nuevas generaciones para satisfacer sus necesidades culturales? Las preguntas pueden seguir, pues como indicamos se trata de un problema complejo, tanto que no creo poder identificarlo yo solo, por lo que quedan invitados quienes deseen compartir estas inquietudes. Mientras tanto, dejaremos para después la continuación del abordaje de este interesante problema.

Bibliografía
Debray, R. (2001). Introducción a la mediología. Barcelona: Paidós.
Real Academia Española. (2001). Diccionario de la lengua española. 22a ed. Madrid: RAE. Recuperado: 2 ago. 2010. En: http://www.rae.es.
Sheinbaum. D. (2007). Sustentabilidad. Recuperado: 29 jul. 2010. En: http://sepiensa.org.mx/contenidos/2007/l_susten/susten1.html.