martes, 14 de agosto de 2012

45. EL PROBLEMA DE RANGANATHAN

A Christian Ordóñez Bueno.
Los bibliotecarios enfrentan problemas de diversa índole con mucha frecuencia. Sin embargo, sólo algunos de estos bibliotecarios están dispuestos a darse cuenta de la existencia de esos problemas; unos más logran superar el pasmo y la sorpresa que ocasiona su descubrimiento; otros son capaces de superar el inmovilismo y la desesperación que son frecuentes en muchas bibliotecas; y sólo unos pocos se atreven a buscar y/o crear soluciones para esos problemas.
Hubo una vez un hindú que encontró condiciones propicias y apoyos para formarse como bibliotecario y ejercer como tal en una biblioteca universitaria de su país. Es importante aclarar que su preparación se dio dentro y fuera de la India, que entonces era un país colonizado por la corona británica.
Cartel de la MLA.
Este bibliotecario fue Shiyali (o Sirkali) Ramamrita Ranganathan (1892-1972), quien pasó a la historia bibliotecaria por sus Cinco leyes de la biblioteconomía, que fue su primera aportación publicada en 1931 en Madrás.
Es de notar que las Cinco leyes sirvieron a Ranganathan para resolver el problema de la carencia de un cuerpo de principios normativos que sirvieran para relacionar de manera integral todos los sectores de la práctica bibliotecaria. En este sentido, él había notado que las líneas de desarrollo en los distintos sectores de la práctica bibliotecaria se encontraban desvinculadas, de modo que un catalogador muchas veces no sabía sobre lo que ocurría en el área de adquisiciones, en el área de servicios al público, etc. Incluso, había observado esta desvinculación entre los integrantes de un mismo sector o área.
Esta situación de varias prácticas bibliotecarias independentes y en funcionamiento simultáneo volvía incierto e impredecible cualquier posible desarrollo futuro, generando así problemas para la planeación, la evaluación y el desarrollo bibliotecario (Ranganathan, 1957, pp. 19-20).
Este es un problema muy complejo y fue abordado por Ranganathan a través de la revisión y confrontación de la filosofía de la biblioteconomía -vigente en los años 20 del siglo pasado- con los principios védicos. Dado que él era un creyente en el destino, se fijó en el principio védico "siempre llegando a ser, siempre nuevo", que implicaba un crecimiento continuo de las personas y las instituciones a la luz de los cambios sociales y científícos (Ranganathan, 1992, p. 306).
Con estas ideas, concibió la necesidad de poner los libros a disposición para elevar el nivel de educación de su país, en particular a través de la formación de personas autodidactas. Las bibliotecas debían ser llamadas a cumplir esta tarea, pero para ello requerían tener un cuerpo integrado de principios que condujeran su administración, lo cual, luego de muchas elucubraciones, le llevó a concebir en 1928 los siguientes principios normativos conocidos como las Cinco leyes de la biblioteconomía:
1. Los libros son para usarlos.
2. A cada lector su libro.
3. A cada libro su lector.
4. Se debe cuidar el tiempo del lector.
5. La biblioteca es un organismo en crecimiento.
Estos cinco enunciados, a pesar de las variaciones en su transcripción o su traducción, vienen a ser el punto de partida del que se deben deducir todo los elementos de la administración de la biblioteca. En la obra de Ranganathan (1957) se exponen varias deducciones posibles; así tenemos, por ejemplo, que la biblioteca debe asegurar que ninguna persona -sea un usuario, un bibliotecario o alguien más- se apropie de los libros impidiendo que se cumpla la primera ley: LOS LIBROS SON PARA USARLOS. A partir de este concepto, deben operar en conjunto la disposición física de los libros, el mobiliario y los equipos usados, el reglamento, los controles, el sistema de préstamo, los bibliotecarios encargados y todos los demás componentes de la biblioteca.
La utilidad y vigencia de esta aportación teórica ha sido revisada, entre otros, por Lancaster (1996) y Bailey-Dillon (2011). Es así que la evaluación de la biblioteca puede realizarse a través de la guía de las Cinco leyes, pues las mismas proporcionan una declaración de los objetivos generales que deben perseguir los servicios (Lancaster, 1996, p. 27).
Por su parte, Bailey-Dillon (2011) considera también el valor que como guía tienen las Cinco leyes, principalmente porque contienen todo lo que debe haber en un buen plan de negocio: El producto, el cliente, la mercadotecnia, así como los elementos de eficiencia y crecimiento.
No obstante, el problema que se propuso resolver Ranganathan sigue vigente sin que ello menoscabe el valor de su aportación. Tenemos entonces que la desvinculación de las áreas de la práctica bibliotecaria, y de las disciplinas que corresponden a la biblioteconomía, parece ser aún un importante escollo para los bibliotecarios. Quizá esto se deba a que, como escribió Berwick Sayers en la introducción al libro de las Cinco leyes, "la psicología de la gente varía, y se deben hacer variantes en la práctica bibliotecaria para atender este hecho" (Ranganathan, 1957, p. 15-16).
Para evidenciar la actualidad de este problema tenemos el siguiente cuestionamiento como ejemplo: ¿Será que la evolución de las RCA2 a las RDA resuelva algo? ¿Cómo impactará los servicios bibliotecarios y de información? De cierto, la sustentación que se da a este cambio en las cuatro tareas del usuario (encontrar, identificar, seleccionar y obtener) parece ser muy escueta cuando la miramos desde la óptica de los servicios.
En estos y otros casos es en donde vemos que el problema que Ranganathan resolvió para la India sigue como un expediente abierto para quien desee atenderlo. Es tan interesante, tan amplio y tan complejo este problema, que deberemos seguir tratándolo en otro momento.

Bibliografía

Bailey-Dillon, M. (2011). Ranganathan's five laws and the modern library. Localizado: 10 ago. 2012. En: http://www.mollybdillon.com/wp-content/uploads/2011/12/Ranganathans-Five-Laws-and-the-Modern-Library.pdf
Lancaster, F.W. (1996). Evaluación de la biblioteca. Madrid: ANABAD.
Ranganathan, S.R. (1957). The five laws of library science. 2nd ed. Madras: The Madras Library Association. London: Blunt and Sons.
Ranganathan, S.R. (1992). A librarian looks back: An autobiography of Dr. S.R. Ranganathan. New Delhi: ABC Publishing House.

sábado, 21 de julio de 2012

44. LA BIBLIOTECA FRENTE A LA ALTERIDAD

Como resultado de un involucramiento cada vez mayor del bibliotecario en los procesos de la biblioteca, es común que se genere un fenómeno que en la administración se nombra "territorialización", mismo que consiste en demarcar el ámbito que es facultativo del bibliotecario. Esto es, el bibliotecario se percibe a sí mismo como el único que sabe y comprende lo que se hace -o lo que ocurre- dentro de la biblioteca, y que lo puede explicar a otros en razón de los procedimientos o los reglamentos que se aplican para el bueno gobierno de la institución.
Desde su territorio, el bibliotecario tiene que frecuentar personas ajenas a la administración, los procesos o los servicios de la biblioteca, como son los autoridades inmediatas dentro de la organización de adscripción -a veces, también con autoridades externas que llegan como invitadas-, con vendedores o editores de diversos productos o servicios que adquiere o consume la biblioteca, y con los usuarios potenciales o los usuarios de la biblioteca.
En el horizonte del bibliotecario, se deben mantener vínculos diferenciados con cada uno de los integrantes de estas tres categorías, lo cual determina que los considere de modos diversos. Es así que el bibliotecario concibe a los otros como distintos -no son bibliotecarios- y se dirige a ellos conforme los roles que tienen asignados:
1. Con las autoridades, le correponde atender asuntos del presupuesto, de permisos y de trámites para el manejo de los recursos.
2. Con los proveedores, trata sobre las adquisiciones, las suscripciones y los servicios que requiere la biblioteca.
3. Con los usuarios, escucha sus demandas y les brinda los servicios previstos en el reglamento y los procedimientos. A la vez, con los usuarios potenciales hace difusión de la biblioteca, así como actividades de desarrollo de habilidades o competencias informacionales.
En la siguiente gráfica podemos apreciar a los otros percibidos desde la biblioteca. Es de notar que hemos agregado al no-usuario, el cual habíamos definido en una entrada anterior (la número 15), pero que aquí es interpretado por el bibliotecario como una suerte de usuario potencial que no hace uso de la biblioteca.
Percepciones bibliotecarias de la alteridad.
Es de advertir que existen estudios sobre las relaciones entre los bibliotecarios y los usuarios, y en menor medida se han investigado las relaciones de los bibliotecarios y las autoridades, o las que mantienen los bibliotecarios con los proveedores. Estos estudios apuntan a problemas de interrelaciones que se han pretendido explicar con base en las teorías de la comunicación, la psicología, la política, la sociología o la antropología.
Al respecto de los usuarios potenciales o los usuarios, se han buscado acercamientos por diversos medios, lo cual ha puesto en evidencia que la noción corriente de los servicios está más orientada a facilitar la circulación del acervo o a justificar el uso de la biblioteca a través de las estadísticas. O sea, que la manera de concebir al usuario es como el otro que debe:
A) Educarse en el empleo de la biblioteca.
B) Entrar a la biblioteca y usar sus recursos, conforme lo prescrito en el reglamento y los procedimientos.
C) Pedir orientación y referencia, conforme lo prescrito en el reglamento y los procedimientos.
D) Informarse sobre asuntos que deba saber de la biblioteca.
E) Cumplir las sanciones que le imponga la biblioteca por haber incurrido en un error, conforme lo prescrito en el reglamento y los procedimientos.
Cualquier conducta del usuario que se aleje de esta concepción es probable que se considere reprobable e inaceptable por parte del bibliotecario. No obstante, debido a nuevos conceptos teóricos (ciudadano informado, ALFIN, usabilidad) o por la implementación del enfoque de calidad en los procesos, de acuerdo a la norma ISO 9001:2008, se están desbaratando lentamente muchas de las ideas que soportan tal statu quo.
Con respecto a las autoridades y los proveedores no parece haber mucha más reflexión, lo cual viene a abonar este interesante problema sobre las maneras como concebimos a los otros los bibliotecarios. ¿Cómo se caracterizan estas ideas del otro? ¿Son necesarias para mantener los distintos equilibrios que componen la biblioteca? ¿Pueden cambiarse estas concepciones y las prácticas de trato que les son subsidiarias? De tan importante y complejo que es este problema, lo seguiremos tratando en otras entregas.

sábado, 23 de junio de 2012

43. ADMINISTRACIÓN Y GOBERNANZA

En inglés, se tienen dos conceptos que sirven para distinguir entre la administración y la gobernanza de la biblioteca (library governance, en inglés).
La primera noción hace referencia a la administración, la gestión o el gobierno de la biblioteca, considerando todos los asuntos del manejo y la conducción de los recursos, los procesos y los servicios. Es de notar que las actividades a las que hace alusión esta primera acepción abarcan el manejo espontáneo, planificado o mixto de todo lo que se encuentra dentro de la biblioteca, además del trato con los funcionarios de la organización a la que está adscrita para asegurar los insumos que requiere para su operación, mantenimiento y desarrollo.
La gobernanza de la biblioteca está más enfocada al entorno que la rodea, mismo que con frecuencia requiere que la biblioteca defina o acepte responsabilidades sociales o institucionales, como un mayor involucramiento en el desarrollo económico, en la educación, en la investigación, en la difusión, en el desarrollo cultural, etc. Asimismo, cae en el ámbito de la gobernanza el requerimiento a la biblioteca para que se someta a una contabilidad externa de su ejecución, y para que los bibliotecarios participen en el diseño e instrumentación de las políticas de lectura, de formación de competencias, de información, y de organización y socialización del conocimiento.
Son tesis de la gobernanza bibliotecaria la participación de varias organizaciones o individuos en asuntos de la biblioteca que son de su interés; los temas de políticas bibliotecarias, de información, de conocimiento, etc.; el financiamiento de las bibliotecas, sus programas y servicios; la promoción del sano equilibrio en lo que tiene que ver con la participación social o institucional de las bibliotecas; la supervisión y el control de los programas y proyectos de la biblioteca, así como otros más.
En nuestro medio, los bibliotecarios latinoamericanos aprendemos en nuestras escuelas algo de administración y nada de gobernanza. Es así que todo lo que tiene que ver con materias de la gobernanza de la biblioteca, como son los asuntos de la negociación política (advocacy, en inglés), de la sustentabilidad (o sostenibilidad, en español; sustainability, en inglés) y del financiamiento (funding, en inglés), son terra ignota para la mayoría de nosotros.
Aparte de los problemas que ocasionan estas carencias en la formación bibliotecaria, el tema de la gobernanza no es atendido en la literatura en español, como si no existiera esta parte de la vida de las bibliotecas. En México, incluso podríamos aseverar que no se quieren abordar ni interesan este tipo de cuestiones, pues aún predomina una visión patriarcal en materia bibliotecaria, de modo que los bibliotecarios esperan que todo lo que requiere la biblioteca lo aporte la organización de adscripción, sea una empresa, una institución o el gobierno. Asimismo, se asume que los requerimientos de negociación política, sustentabilidad y financiamiento no deben ser de incumbencia directa del bibliotecario, sino que este sólo puede participar como coadyuvante y/o asesor.
No obstante, tanto la administración como la gobernanza son dos discursos entrelazados que atañen por igual a la biblioteca y que deberían ser de su principal interés, aún más en estos momentos en que esta institución es percibida a veces como un apéndice accesorio de la estructura social o institucional, que bien puede sustituirse por la Internet.
Tenemos así que la administración, la gobernanza y las interrelaciones entre ambas son temas de gran interés, pero también notamos que su comprensión y dominio son problemas que tienen que enfrentar las bibliotecas y los bibliotecarios. Los asuntos que abarcan son diversos y de ahí que los problemas que se tienen que atender vayan desde la exploración y el reconocimiento de las situaciones, la formación de bibliotecarios, la identificación de casos y la socialización dirigida hacia la transformación de las bibliotecas en instituciones más comprometidas con sus comunidades. Son tan interesantes los problemas que estos abordajes apuntan, que deberemos seguir tratándolos en otra ocasión.

sábado, 2 de junio de 2012

42. SOBRE EL ENMARCADO DE LA BIBLIOTECA

Las personas utilizamos enmarcados para estar y movernos en el mundo. De esta manera, a través de enmarcados ubicamos objetos, conceptos y personas, instalados cerca o lejos de nosotros dependiendo de nuestra escala de valores, así como en concordancia con nuestros deseos e intereses.
Los enmarcados existen para guiarnos en el mundo, a manera de un mapa del sistema, por lo que también expresan el fin para el cual éste existe. Los distintos componentes que están en esos enmarcados nos indican aquello que notamos y que nos resulta significativo, lo que necesitamos o nos gusta, así como lo que acostumbramos.
Además, los enmarcados nos llevan a disponer del espacio y el tiempo para los fines que nos propongamos, mismos que están alineados al fin del sistema o que lo alteran. Por ejemplo, en un modelo de hogar occidental, la primera habitación es un recibidor que a veces llamamos "sala", en donde se mantienen ciertos objetos en una instalación concebida para que lleguen, se conozcan y sean atendidas las personas distintas de quienes habitan en la casa y la utilizan. Al pasar el tiempo, este modelo ha tenido variantes, a la vez que la influencia de la cultura occidental en distintos pueblos ha llevado a que existan domicilios con formas distintas de salas, manteniéndose en general la función de ser espacio de recepción de los extraños.
Entrada de la Biblioteca Central de Seattle.
Cuando trasladamos la noción de enmarcado a la biblioteca, esperamos constatar que la disposición física de los elementos en el recinto corresponda a un modelo. Es así que  encontramos varios modelos de bibliotecas que manifiestan de formas diferenciadas la función de su punto de ingreso o entrada, así como el uso que podemos hacer de él. De este modo, a veces allí está el catálogo, en otros casos se tiene allí un mostrador de información y préstamo, en algunas ocasiones se ha instalado allí un espacio de recibidor amplio que también puede utilizarse para exposiciones, o cabe tener allí un guardabultos con una persona que pide que se registren quienes deseen entrar. 
Hasta ahora no he encontrado una biblioteca que tenga en su punto de ingreso una sala, como las de los domicilios, en donde un biblotecario reciba a los usuarios, los conozca y los escuche para luego recomendarles o instruirles sobre lo que deban hacer al pasar al resto de las instalaciones.
¿Que´ocurre cuando el modelo de la biblioteca corresponde a una instalación en la Internet? O sea, si seguimos con la idea del punto de ingreso, ¿cómo es éste en las bibliotecas que se encuentran en la red?
Si como hemos notado hasta ahora, cada parte de la biblioteca conforma una instalación que es segmento de otra instalación mayor en la que la imbricación de las partes tendría que ser funcional entre ellas y de ellas con el todo, además de cumplir con los otros fines que le adjudiquemos, entonces la instalación para el punto de ingreso a la biblioteca cobraría singular importancia ya que como mínimo debería servir para recibir, mostrar y ayudar a decidir si se debe continuar hacia las otras instalaciones.
Sitio de la BNF.
Tomemos como caso el sitio digital de la Biblioteca Nacional de Francia, donde lo primero que destaca y llama nuestra atención es una pantalla cambiante junto a una cartelera llamativa que indica los eventos culturales vigentes o próximos. Más arriba, vienen algunos botones que envían a servicios para personas con discapacidad, para cambiar de idioma o para tener acceso a algunos servicios. Abajo, vienen listados ordenados en vertical de hipervínculos clasificados, entre los cuales podemos notar al centro la información sobre la propia institución. Más abajo, vienen hipervínculos que se muestran con íconos, así como botones para tener acceso a las redes sociales.
En este punto de ingreso, la biblioteca me dice que es un espacio cultural, accesible y que tiene gran cantidad de opciones para mí, además de mantenerme informado sobre lo que realiza. Es de notar que sobre la pantalla cambiante está escrito un llamado a sostener la biblioteca, que fue colocado de modo que no pueda dejar de mirarse. En ese breve texto, el verbo está en infinitivo, por lo que se refiere a una acción que quiere parecer neutra, aunque invitadora por el verbo elegido.
El modelo de biblioteca que notamos aquí es el de un espacio cultural disponible para las personas, con actividades y servicios diversos, que no siempre son gratuitos, y que se debe sostener para que pueda continuar realizando sus actividades sociales y culturales. El punto de ingreso traduce el modelo y se nos presenta como un espacio lleno de recursos, sin muchos blancos intermedios, a modo de una alacena plena de cosas interesantes.
Este componente del enmarcado que conforma el sitio digital de esta biblioteca es muy sugerente. Si lo pudiéramos traducir a un espacio físico, tendríamos una entrada de una biblioteca con carteles de avisos y señalamientos, como un lugar de partida a otros espacios, pero de modo que atraiga la curiosidad y sirva al estudioso.
Por supuesto, el enmarcado no sólo se limita a una de las instalaciones, sino que consiste en todas las que componen lo que es la biblioteca, abarcando también las interrelaciones e influencias entre los espacios y el todo, los usos y los tiempos de esos usos.
Los enmarcados que tenemos corresponden a los modelos de bibliotecas que hemos desarrollado, que en si mismos traducen la racionalidad con la que han sido concebidas. De este modo, el punto de ingreso puede hacerse pensado como entrada y también como punto de reconocimiento, o como punto de control, o como acceso a los recursos, o para recibir orientación, confiriendo en todos estos casos una función añadida que también diferencia cómo se puede direccionar a las personas hacia las otras instalaciones de la biblioteca.
¿Qué ocurriría si el punto de ingreso fuera un lugar de reflexión, o un lugar para demostrar la intuición propia, o un lugar para jugar con las emociones? ¿Cómo influiría o qué cambiaría en las demás instalaciones de la biblioteca? ¿Qué debería cambiar en la biblioteca física? ¿Qué debería cambiar en la versión digital de la biblioteca? ¿Podemos pensar nuevas modalidades de biblioteca que nazcan completamente en ambiente digital, o sea, sin referentes a lo que han sido las bibliotecas físicas? ¿Qué nuevos modelos deberíamos considerar?
El problema del enmarcado es muy sugerente y se abre a otros problemas relacionados, lo cual le confiere determinado grado de complejidad. Por esta razón, deberemos considerarlo en otra de nuestras próximas reflexiones.

lunes, 23 de abril de 2012

41. SOBRE LA CRÍTICA BIBLIOTECARIA

Cuando los bibliotecarios hacen mención de la crítica, debemos tener cuidado al intentar comprender de qué están hablando, pues es posible que se refieran a alguno de los siguientes conceptos:
1) Una reflexión o análisis.
2) Juicios que se emiten sobre un asunto o situación.
3) Una evaluación que se realiza sobre el estado en que se encuentran ciertas cosas.
4) Una mera opinión o apreciación.
Así, tenemos por ejemplo que cuando encontramos en una cita de los bibliotecarios australianos que "los graduados necesitan una mezcla de conocimientos y capacidades bibliotecológicas esenciales así como formación en solución de problemas y pensamiento crítico, para enfrentarse a las necesidades conocidas y emergentes", es muy probable que el sentido de la crítica corresponda a la tercera noción que indicamos antes.
Estampilla postal conmemorativa.
En otro caso, tenemos que algunos bibliotecarios se refieren a lo que llaman "bibliotecología crítica" en una pretendida mixtura de las nociones primera y tercera, que empero se resuelve en la noción cuarta, o sea, que son meras opiniones -casi declaraciones de fe en torno a nichos temáticos- sobre asuntos tan variados como son las tecnologías de la información y la comunicación, el enfoque gerencial en la administración bibliotecaria, las barreras en el acceso a la información, los paradigmas imperantes en la bibliotecología, las jerarquías bibliotecológicas, la teoría bibliotecológica, el desempeño rutinario de las técnicas en las bibliotecas, la neutralidad de la bibliotecología y la biblioteca, el pasado bibliotecario idílico que se está perdiendo por culpa del capitalismo, la censura en sus varias manifestaciones, la degradación de la educación bibliotecaria, la mercantilización y el consumismo de la información, y un largo etcétera.
En repetidos foros hemos señalado la gran falta que hace a nuestra profesión el contar con su propia crítica y sus críticos. Sin embargo, es preciso aclarar que la crítica es un ejercicio que debe hacerse con fundamento, esto es, con un conocimiento profundo de la disciplina y la profesión bibliotecarias, así como sobre sus problemas. De esta manera, cuando alguien emite una crítica a algún enunciado o sobre una situación, lo debe hacer considerando los recursos conceptuales y las experiencias del dominio bibliotecario, manifestándolo así en su planteamiento.
Otro aspecto a considerar en la crítica es la posición desde la que se emite, pues toda crítica es ideológica, o sea, se sustenta en un sistema de valores de su emisor. Además, esos valores pueden mover a defender ciertos intereses, lo cual llevaría a que en su enunciación se emitan argumentos soportados en una retórica utilizada para servir en la defensa de esa posición.
Precisamente, esa retórica del emisor es distintiva de cómo hace la crítica, por lo que puede ser determinante para su exposición y su defensa en caso de que encuentre resistencias por parte de los otros. En este sentido, la claridad con la que se expongan las ideas, así como la racionalidad del discurso, son aspectos muy importantes. Como ejemplo, tenemos que en la bibliotecología se recurre con cierta frecuencia al argumento basado en la historicidad de una situación -calificando el pasado como bondadoso-, sea por indicaciones sobre que "antes se hacia mejor", o que "antes se hacia diferente", o que "antes se tenía una moral más alta, o se consideraba más a la gente, o se tenía una misión clara, o...".
Un penúltimo aspecto que debemos considerar al respecto de la crítica es para qué se realiza, esto es, cuál es la finalidad de hacerla. Sobre este particular, veamos el siguiente caso: "Las escuelas de bibliotecología tienen que ser algo más que la antesala del mercado laboral y constituirse en un espacio de educación integral y humanista, en el que se formen profesionales críticos, capacitados en todos los aspectos de la disciplina y no sólo en aquellas competencias que exija el perfil de un determinado puesto de trabajo". Aquí, nos podemos preguntar el para qué de la crítica en la formación de un profesional crítico, que además sea educado integralmente, con enfoque humanista y con competencias laborales. ¿Para qué servirá a ese profesional ser crítico? ¿En cuál de los sentidos de la crítica que hemos señalado?
Para concluir esta reflexión sobre la crítica bibliotecaria, debemos preguntarnos quién puede realizarla. Las consideraciones anteriores nos permiten discernir que el crítico tendría que ser un bibliotecario con dominio de su disciplina y su quehacer, ideológicamente posicionado, poseedor de determinada retórica y con una finalidad definida. Desgraciadamente, en muchos casos hemos percibido que este perfil no es común entre los bibliotecarios, lo cual nos lleva a preocuparnos por las posibilidades de que tengamos algún día una verdadera crítica bibliotecaria, y no sólo charlatanería adornada de grandilocuencia.
Es un hecho que cuando las razones se les acaban a los llamados "bibliotecarios críticos" es cuando empiezan a chabacanear apoyándose en circunloquios y en remembranzas sueltas de la época dorada de las bibliotecas soviéticas, o recurriendo a notas sobre la censura de las bibliotecas en la Alemania nazi o durante el régimen pinochetista, o bien afloran las citas o menciones de Marx, Lenin, las luchas proletarias, las trasnacionales monopolistas, etc., etc.
Con esta breve reflexión, notamos que los problemas de la crítica bibliotecaria conforman un complejo de discursos y prácticas discursivas, además de que tienen una gran injerencia en el poder que sustentan esos discursos y esas prácticas. Al tratarse de un problema tan complejo, precisa que debamos tratarlo en otra ocasión.

Bibliografía

Civallero, E. (2012). Contra la virtud de asentir está el vicio de pensar: Reflexiones desde una bibliotecología crítica. Localizado: 23 abr. 2012. En: http://eprints.rclis.org/handle/10760/16611#.T5T5TdVDRhY.

viernes, 6 de abril de 2012

40. SOBRE NUESTRO QUEHACER Y/O ESTUDIO

Desde mis años de estudiante, he observado con curiosidad la naturaleza insegura y cambiante que impera entre nosotros a la hora de nombrar nuestra profesión. Al respecto, aún recuerdo bien cuando al llegar a registrarme a un hotel donde tendríamos unas reuniones de trabajo del grupo que ahora es CONBAP-IES, el maestro José Orozco Tenorio se acercó a saludarme cuando llenaba el formulario de ingreso, y al ver que en el espacio para poner la ocupación puse "bibliotecario" me llamó la atención, pues dijo que nosotros somos "científicos de la información" y que no reconocerlo era quedarnos a la zaga ante las otras profesiones.
La primera distinción que observé al estudiar biblioteconomía en la ENBA es que a la par existían estudios de bibliotecología en la UNAM, y de ciencias de la información en la Universidad de Guanajuato. Hoy tenemos como nominaciones las anteriores, además de "ciencia de la información documental", "ciencia(s) de la documentación", "estudios de la información", "gestión de la información" y pinta que pronto tendremos más extendida la "gestión del conocimiento" y otras más que veremos llegar.
No obstante, esta riqueza terminológica no parece reflejarse en transformaciones a fondo en las currículas, sino que sólo parecen cambios nominales, lo cual fue motivo de una pesquisa que por algún tiempo interesó al Colegio Nacional de Bibliotecarios sin que llegará a definirse alguna decisión o acción al respecto que tuviera trascendencia.
En el fondo de todo este asunto, podríamos preguntarnos sobre si existe alguna modificación en el objeto de quehacer y/o estudio al que apuntan los distintos nombres. Sobre este particular, siempre ha resultado claro que el objeto de quehacer y/o estudio de la biblioteconomía es la biblioteca, abarcando su creación, organización, funcionamiento y evaluación. La bibliotecología, tal como la entiende la UNAM, estudia la biblioteca (igual que la biblioteconomía), la información, los documentos, los usuarios de las bibliotecas y de la información, así como aspectos de la comunicación de la información a través de documentos.
Las ciencias de la información presentan dos vertientes, pues como entiende este asunto la Universidad Autónoma de San Luis Potosí abarca la bibliotecología y la archivología, en tanto que para la Universidad Autónoma de Chihuahua abarca la bibliotecología, la gestión de la información y el conocimiento en el ámbito de las organizaciones, además de la comunicación organizacional y social.
Más que abundar en esta aparente infodiversidad, me interesa entender cuál es el objeto de quehacer y/o estudio que nos distingue a los bibliotecarios ante las demás profesiones. Al respecto, hace tiempo que estoy reflexionando sobre el uso de la información documentada, pues pienso que es por completo de nuestra incumbencia todo lo que tiene que ver con este asunto. Además, si asumiéramos que la biblioteco(l/n)o(g/m)ía es la disciplina que estudia y realiza actos en materia del uso de la información documentada podríamos muy bien dar cabida a todo lo que ahora abarcan la biblioteconomía y la bibliotecología. Es más, observando bien notaríamos que podrían tener cabida todos los demás temas que hemos indicado antes para los demás nombres usados en las escuelas y carreras.
Es de notar que alguna vez platiqué sobre este asunto con un colega, y él insistió en que había que agregarle "socializada" a la "información documentada", pues según decía sólo la información documentada y socializada sería aquella a la que tendría acceso el bibliotecario. Sin embargo, aún no estoy de acuerdo con ese argumento, pues la información documentada puede ser resultado de un acto privado o estar fuera del conocimiento público, y de esta forma sólo llegar a socializarse como efecto de recibir la atención de un bibliotecario.
Una ventaja de esta propuesta sería que al tener una forma de explicar a los otros lo que hacemos sería más fácil que los bibliotecarios realicemos algo para terminar con los estereotipos y prejuicios que rodean nuestra profesión. Asimismo, nos permitiría enfilar mejor el rumbo de lo que hacemos, pues las vertientes teórica y aplicada de nuestro quehacer encontrarían un punto en común para comunicarse mejor. De esta manera, continuarían la investigación y la práctica profesional enfilándose a una mejor comprensión y ejercicio del uso de la información documentada.
Para profundizar un poco más, tenemos que diseccionar nuestro objeto de estudio para encontrar en sus entrañas la riqueza conceptual y práctica que encierra. Encontramos por un lado el uso, tomado como sustantivo, que es adjetivado por la información documentada. Así, el uso está delimitado, o diríamos que sólo habría ciertos usos, que serían aquellos que podrían realizarse con la información documentada. Pero, ¿cómo sería posible ese uso? Una respuesta sería que a través de las bibliotecas, otra apuntaría a crear servicios de información documentada, otra más señalaría los servicios educativos, quizá pensaríamos en la gestión del conocimiento explícito, y así sucesivamente.
Otra pregunta que podemos hacernos sobre el uso se refiere a cómo podría realizarse, y aquí tendríamos que pensar en los sistemas de búsqueda y recuperación de la información, en la alfabetización informativa, en la lectura, y otros más.
Podríamos hacernos más preguntas sobre el uso, como quiénes usan, por qué o para qué usan, etc. También podemos preguntarnos sobre la naturaleza de la información documentada, y aquí diseccionarla en información y documentar para hacernos más preguntas que nos abrirían el universo al que se direcciona lo que estamos haciendo ahora, así como otras posibilidades que se derivarían de la riqueza conceptual de contar con un objeto de quehacer y/o estudio adecuado, claro y conciso.
Tenemos entonces que la cuestión de cómo llamar a nuestra profesión/disciplina no es el verdadero problema aquí, sino algo accesorio para designar cuál es nuestro objeto de estudio y de quehacer. Es tan importante este tema, y tan necesaria su reflexión serena, que deberemos seguir abordándolo en otra ocasión. Por supuesto, quedan invitados a esta reflexión.

lunes, 19 de marzo de 2012

39. BIBLIOTECONOMÍA ALTERNATIVA

En la región sur de Brasil, se realiza hace varios años el Encuentro Regional de Estudiantes de Biblioteconomía, Documentación, Ciencia y Gestión de la Información, que es un evento académico, de encuentro y participación al que acuden anualmente en promedio 500 asistentes.
En su edición del año 2010, se trató el tema de la biblioteconomía alternativa y como uno de sus resultados tres de los participantes redactaron un manifiesto referente a la materia y luego lo publicaron en la red, el cual es el mismo que traduzco y presento a continuación:
"Nosotros, estudiantes de biblioteconomía, a partir de este XII EREBD Sul nos esforzaremos y lucharemos.
Artículo 1
Se declara que las siguientes reglas deben programarse -- y no obedecerse ciegamente.
Artículo 2
Se declara que nunca habrá estabilidad, por más seductora que sea, por más gratificante que parezca, o por más seguridad que transmita. Siempre que tal calamidad se aproxime, el bibliotecario debe manifestarse contra el orden establecido, cuestionando e instaurando nuevamente la inestabilidad.
Artículo 3
Se declara que cada nuevo orden requiere un nuevo desorden, y que cada nuevo desorden requiere un cuestionamiento meticuloso: ¿Cómo puedo mejorar lo que ya tengo? Corresponde al bibliotecario fomentar el desorden y alimentar a otras personas con información que posibilite los cambios.
Artículo 4
Se declara que la biblioteconomía no es una profesión, ni un matrimonio, ni un sacerdocio. La biblioteconomía es ahora un estado del espíritu y una forma de ser.
Artículo 5
Se declara que el bibliotecario no es solamente sus herramientas, pero sí que tiene sus herramientas. No hay una CDU, CDD, AACR2 que valga la pena aprender si no satisface las necesidades del nuevo desorden. El insumo del bibliotecario es la información localizable, diseminable y discutible.
Artículo 6
Se declara que el único enemigo del bibliotecario es él mismo. La pereza, el egoísmo, la falta de voluntad y la falta de esperanza son incompatibles con el quehacer bibliotecario.
Artículo 7
Se declara el repudio a la expresión "Mi biblioteca" por el bibliotecario o por el pasante de biblioteconomía al referirse a sus lugares de trabajo y de estudio. Cada biblioteca es de sus usuarios, independientemente de lo que crean sus directivos.
Artículo 8
Se declara que el bibliotecario, más allá de ser bibliotecario también será usuario durante el período de su existencia.
Artículo 9
Se declara que el bibliotecario debe ser tan creativo como el poeta. Que debe crear soluciones cuando estén disponibles y que debe conocer las soluciones que sus colegas encuentren. La biblioteca sólo recibirá inversiones si tiene visibilidad, tendrá visibilidad si funciona bien, y funcionará bien sólo si el bibliotecario recuerda que él también es usuario.
Artículo 10
Se declara que ésta no es la primera biblioteconomía alternativa, ni será la última. Cada vez que los bibliotecarios estén satisfechos, deberá ocurrir un nuevo levantamiento que considere las nuevas necesidades y las nuevas esperanzas.
Publíquese y cúmplase.
Porto Alegre, 24 de abril de 2010."
Es tan grande la cantidad de problemas que plantea este manifiesto... El bibliotecario debe ser un sujeto disturbador, y por ello activo promotor de visiones nuevas y cambios. Este estado de desorden e inestabilidad permanentes se opone a uno de los principales requisitos que tradicionalmente se consideran como fundamentales para la existencia de la biblioteca.
También, ese bibliotecario debe ser usuario y no creerse que la biblioteca le pertenece. Además, la biblioteca debe ser de los usuarios.
Se declaran valores que pueden derivar en criterios para desarrollar colecciones y para aceptar o desechar las herramientas normativas del bibliotecario.
No es fácil pensar en la enormidad y complejidad que aquí se propone, pero dada la creatividad que exhala este texto, deberemos tomarlo como referencia en futuras reflexiones.

Bibliografía

Estatuto da biblioteconomia alternativa. Biblioteconomia alternativa: Novas atitudes sobre velhas práticas. Localizado: 18 mar. 2012. En: http://biblioteconomiaalternativa.blogspot.mx.