sábado, 2 de mayo de 2009

1. ¿QUÉ ES UN PROBLEMA EN LA BIBLIOTECOLOGÍA?

Según su etimología, la palabra “problema” significa primeramente obstáculo y, por derivación, tarea a realizar, dificultad a resolver. La noción de problema involucra ideas distintas que refieren al plano conceptual o, a veces, corresponden al plano de lo real. De esta manera, al hablar sobre un problema podemos referirnos a una barrera u obstáculo teórico o físico, cultural o espacial, etc. También podemos referirnos a una prueba que debemos resolver. Otra característica del problema es que en él se pueden entrelazar dos o más tesis, lo cual hace que la solución resulte incierta y que, para hallarla, sea necesario aislar o despejar dichas tesis entre sí. El problema, entendido en este último sentido, puede presentarse como algo meramente subjetivo (la incertidumbre afecta a un sujeto concreto, aunque otros no la padezcan) o como algo objetivo (la incertidumbre se halla en la realidad, cuestión o situación considerada en sí misma).
En bibliotecología es frecuente que se aborden problemas sobre las diferentes entidades que son de interés de esta disciplina, así como en las relaciones que se establecen entre esas entidades. Es así que encontramos problemas en la formación y el desarrollo de las colecciones, particularmente con la aparición de nuevos soportes; o para atraer usuarios potenciales poco frecuentes o que no asisten a la biblioteca; o bien problemas para formar lectores maduros. A éstos podemos agregar problemas financieros de la biblioteca o los problemas que enfrenta para crecer en un espacio limitado; también problemas para elegir un sistema automatizado entre varias opciones; o cuando debe decidirse el horario de los servicios o las condiciones para que los usuarios puedan recibir esos servicios. Asimismo, para las decisiones que conlleva la aplicación del enfoque de calidad a los servicios bibliotecarios. Y qué decir de los problemas que plantean el estudio de las necesidades de información de los usuarios, la medición de la circulación de una colección particular, la planeación de los servicios bibliotecarios con énfasis en el usuario, la conformación de estructuras de cooperación bibliotecaria, o la evaluación de los servicios bibliotecarios.
Sin embargo, en ocasiones los problemas no están bien o completamente formulados, o bien se recurre a generar o aplicar normativas inductivas como soluciones legítimas. Un ejemplo lo encontramos en un libro de Frederick W. Lancaster publicado hace 30 años, dedicado a la evaluación y medición de los servicios bibliotecarios, que fue titulado Measurement and evaluation of library services. El mismo fue traducido al español por Elda Mónica Guerrero y publicado en 1983 por la Dirección General de Bibliotecas de la UNAM. Cabe aclarar que existe una segunda edición en inglés de 1991, que realizó el autor con Sharon L. Baker.
En esta obra, Lancaster entiende (Lancaster; 19) que la evaluación del servicio bibliotecario debe considerarse como un instrumento para la administración, que sirve para:
(a) Determinar cuán eficaz es la biblioteca para atender las necesidades de sus usuarios.
(b) Identificar las limitaciones y errores del servicio.
(c) Sugerir las formas en las que puede ser mejorado el servicio.
Según el autor, una razón para hacer evaluaciones es de índole financiera: Por la creciente competencia por los recursos; por las presiones inflacionarias; y por la necesidad de justificar la importancia de los servicios bibliotecarios (Lancaster; XV).
Notamos aquí que se evalúa por la barrera financiera que enfrenta la biblioteca para poder operar, y por la necesidad de justificar la importancia de los servicios bibliotecarios. Esta justificación es lo que se busca primero al generar el conocimiento (a)-(c) que indiqué antes, a través de un instrumento de evaluación. El autor asume que esta justificación, soportada en el conocimiento que brinden las mediciones y el instrumento de evaluación, habilitará la biblioteca de mejor manera para competir por los recursos y para soportar las presiones inflacionarias.
Es muy poco lo que abunda sobre esta razón para evaluar, o sobre otras posibles razones para hacerlo, por lo que no me parece que aclare suficientemente cuáles problemas pretenden resolverse con la evaluación, sino que el proceso evaluatorio parece que, por el mero hecho de aportar un conocimiento sobre el funcionamiento de la biblioteca, pudiera servir para cambiar su situación. Pero esto no pasa de ser un mero supuesto.
Es así que con este ejercicio vemos cómo podemos preguntarnos, para cualquier concepto o proceso de la bibliotecología, por los problemas que se consideraron en sus orígenes, entendidos como las inquietudes, las barreras, las elecciones y las pruebas que llevaron a su establecimiento y desarrollo.

Bibliografía
Lancaster, F.W. (1983). Evaluación y medición de los servicios bibliotecarios. México: UNAM
Real Academia Española (1992). Diccionario de la lengua española. 21a ed. Madrid: RAE.
Rodríguez Estrada, M., Fernández Ortega, J.A. (1997). Creatividad para resolver problemas: Principios y técnicas. México: Pax.

No hay comentarios:

Publicar un comentario